La ecoendoscopia o ultrasonografía endoscópica es una
técnica de imagen que en los últimos años ha
ido adquiriendo un importante papel en el manejo de algunas patologías
oncológicas, tanto originadas en órganos del sistema
digestivo como en órganos próximos a él. Hasta
hace no muchos años la utilización de la ecoendoscopia
en oncología se ceñía sobre todo a la estadificación
de tumores y posteriormente a la obtención de material citológico
mediante PAAF. Esta última aplicación ha sido la que
ha abierto nuevas posibilidades intervencionistas, ya que permite
la punción con control ecográfico y en tiempo real de
tumores situados en áreas poco accesibles para otras técnicas
de imagen intervencionistas.
El diseño de nuevos ecoendoscopios lineales cada vez más
manejables, con una imagen ecográfica de más calidad,
con uña elevadora y con un canal de trabajo más amplio,
es uno de los factores que ha hecho posible el desarrollo de nuevas
técnicas intervencionistas y de tratamiento en oncología.
Esto ha permitido el trabajar a través de orificios naturales
a la menor distancia posible de lesiones situadas en localizaciones
recónditas y sin la interposición de tejidos malos transmisores
de los ultrasonidos o peligrosos de atravesar.
Otros factores que están haciendo posible el avance de estas
técnicas son, por un lado, el desarrollo de nuevos tipos de
agujas y dispositivos para el abordaje de estas lesiones a través
del ecoendoscopio y, por otro lado, los nuevos anestésicos
y su utilización que, aunque no es obligatoria, ayuda importantemente
a que el procedimiento llegue a buen fin.
La relación entre la ecoendoscopia intervencionista con finalidad
terapéutica y la oncología es cada vez más estrecha
y presenta en la actualidad dos frentes. En un frente estaría
la realización de procedimientos con intención exclusivamente
paliativa, como pueden ser, entre otros, la infiltración del
plexo celiaco para tratamiento del dolor maligno o las técnicas
de descompresión de la vía biliar en pacientes en los
que otros procedimientos han fracasado. En el otro frente estarían
las técnicas con intención curativa o que al menos buscan
una reducción de carga tumoral mediante un abordaje antitumoral.
Estas últimas son en su mayoría experimentales y poco
difundidas, y deben realizarse en protocolos de ensayo clínico,
en centros de referencia, en pacientes seleccionados y por personal
experimentado. Entre ellas están la alcoholización de
tumores por via ecoendoscópica, la aplicación de radiofrecuencia,
la inyección intratumoral de agentes de terapia génica
y la colocación de semillas de braquiterapia.
Durante la exposición nos limitaremos ha hablar de estas
dos últimas posibilidades que quizás son las menos conocidas.
Inyección
intratumoral de agentes de terapia génica guiada por ecoendoscopia
La mayoría de los tumores del aparato digestivo tanto primarios
como metastásicos son poco inmunogénicos. Existen referencias
bibliográficas en las que algunos procedimientos encaminados
a estimular la respuesta inmune antitumoral han mostrado actividad
frente al cáncer colo-rectal y al hepatocarcinoma experimentales
(1). En estos últimos años la terapia génica
se ha perfilado como un abordaje prometedor para el tratamiento antitumoral
mediante el desarrollo de diversas estrategias: restauración
de la función de genes supresores antitumorales, activación
selectiva de agentes antitumorales dentro de las propias células
del tumor o estimulación de la respuesta inmune contra tejidos
neoplásicos (2). Desde hace tiempo nuestro grupo ha estado
trabajando sobre todo en estas dos últimas estrategias, ya
en 1995 se publicó la posibilidad de transfectar hepatocitos
humanos in vitro mediante adenovirus defectivos portadores de genes
suicidas como el gen de la timidín-kinasa (TK) del virus del
herpes simplex (3). En publicaciones posteriores también de
nuestro grupo y de otros autores se constata el potente efecto antitumoral
de la inyección intratumoral de adenovirus defectivos portadores
del gen de la interleukina 12 (IL-12) en tumores digestivos experimentales
(4,5). En otros trabajos de nuestro grupo se pone de manifiesto la
importante actividad antitumoral de células dendríticas
de médula ósea de ratón transfectadas mediante
adenovirus con el gen de la IL-12, al ser inyectadas en tumores digestivos
experimentales en ratones (6).
Con estas premisas y tras proseguir los estudios experimentales se
abordo el diseño de tres ensayos clínicos en fase 1,
en los cuales el fin que se perseguía era comprobar la viabilidad
y seguridad de los distintos agentes o vectores de terapia génica
a concentraciones inferiores a las terapéuticas, por lo que,
aunque también se evalúo la posible respuesta beneficiosa,
este objetivo quedo en un segundo plano. Un fenómeno que no
se ha comentado hasta ahora y que tiene relevancia clínica
es el llamado efecto byestander de algunas de estas terapias que,
en teoría, conseguirían que el beneficio del tratamiento
administrado localmente actuara en toda le economía activando
una respuesta inmune sistémica especifica (7).
En el primer ensayo se utilizaron adenovirus defectivos portadores
del gen de la TK. La enzima TK que es necesaria para el virus herpes
es, por otro lado, capaz de metabolizar algunas substancias farmacológicas
como el ganciclovir, produciento metabolitos altamente tóxicos
para las células. El esquema de acción buscaba transfectar
las células del tumor con el gen de la TK para que sintetizaran
el enzima y, posteriormente, administrar ganciclovir con la intención
de que éste fuera metabolizado por las células tumorales,
ejerciendo en ellas su efecto citotóxico.
El segundo ensayo perseguía, utilizando el mismo vector pero
portando en esta ocasión el gen de la IL-12, aumentar la producción
local en el tumor de este mediador de la inmunidad, con el fin de
activar una respuesta inmune antitumoral8. El tercer ensayo consistía
en la administración intratumoral de células dendríticas
autólogas activadas y transfectadas también mediante
adenovirus con el gen de la IL-12, buscando el desencadenamiento de
una respuesta inmune antitumoral específica (9).
No vamos a entrar en detalles sobre las características y
datos técnicos de cada ensayo, centrándonos sobre todo
en lo que a la administración de los tratamientos se refiere
y, en concreto, a la técnica de inyección guiada por
ecoendoscopia. Los ensayos estaban encaminados a tratar mediante la
inyección intratumoral de los distintos agentes hepatocarcinomas,
adenocarcinomas de colon metastásicos en hígado y cáncer
de páncreas, en pacientes en los que ya se habían agotado
todas las posibilidades de tratamiento convencional (8,9). Para evitar
toxicidad sistémica y asegurar un adecuado inóculo local,
la administración se hizo de forma directa, mediante punción
e inyección intratumoral guiada por TAC, ecografía o
ecoendoscopia. La vía de administración se estableció
individualmente para cada paciente buscando la mejor accesibilidad
y el mínimo riesgo.
En el primer ensayo, de un total de 12 pacientes, 1 que padecía
un cáncer de páncreas fue tratado por vía ecoendoscópica.
En el segundo ensayo, de un total de 21 pacientes, tres que padecían
un cáncer de páncreas fueron tratados por vía
ecoendoscópica mediante 5 sesiones (un paciente 3 sesiones,
y los otros dos 1 sesión) (8). En el tercer ensayo, de 21 pacientes
incluidos, uno con cáncer de páncreas recibió
3 sesiones guiadas por ecoendoscopia9. La dosis de adenovirus o de
células dendríticas estaba meticulosamente calculada
según el protocolo de cada ensayo para cada grupo de pacientes
y para cada escalón de tratamiento. El inóculo estaba
criopreservado, el mismo día del tratamiento se descongelaba,
se diluía en suero fisiológico y se transportaba refrigerado
a la sala de exploraciones dentro de una jeringa con conexión
tipo luer-lock. Para que la mayor masa posible del tumor entrara en
contacto con el inóculo, el volumen de dilución se había
calculado en 1/3 del volumen de la masa a tratar obtenido mediante
un TC de volúmenes y, arbitrariamente, repartido en tantos
puntos (teóricamente equidistantes) como el diámetro
máximo de la masa en cm y dividido entre 2.
Se utilizó un ecoendoscopio de la marca Olympus modelo GF-UC30P
conectado a una consola de ecografía Dornier. Para evitar fallos
del procedimiento por dificultades de penetración o de desplazamiento
de la lesión durante la punción, se utilizó el
sistema de resorte automático PowerShot NA-11J-KB (PS) de Olympus
con agujas de 22G. Este sistema permite la introducción manual
de la aguja en la lesión o el realizar un disparo automático
alcanzando una distancia preestablecida. Los procedimientos se realizaron
con el paciente en decúbito lateral izquierdo y sedado profundamente
con propofol por un anestesista.
Tras la introducción del ecoendoscopio por vía oral
se procedió a buscar la lesión pancreática y
a situar la punta del ecoendoscopio lo más cerca posible de
ésta, evitando angulaciones innecesarias del mismo. Tras esto,
se introdujo el sistema PS por el canal de trabajo, avanzando la aguja
manualmente y posicionandola en la dirección adecuada, según
el eje mayor de la masa, con la ayuda de los mandos y de la uña
elevadora del ecoendoscopio. Posteriormente la aguja se avanzó
hasta la superficie de la lesión, se midió la distancia
de ésta al punto elegido para el inóculo dentro de la
masa, se prefijó la distancia adecuada en el sistema PS y se
realizó el disparo automático. En pocos casos hizo falta
más de un trayecto de punción lo que, además,
no complicó el procedimiento.
Una vez alojada la punta de la aguja en el punto elegido de inoculación,
se procedió a retirar el estilete del interior de la aguja
y a conectar la jeringa luer-lock en el conector de la aguja. Se introdujo
el preparado lo más lentamente posible para evitar el reflujo
y la extravasación del mismo por el trayecto de la aguja, a
una velocidad aproximada de 1 cc por minuto. Lo primero en entrar
en la lesión es el aire situado en la luz de la aguja, el cual
forma una nube de microburbujas en los tejidos de la masa. Esta nube
de microburbujas resultó útil para extrapolar la buena
distribución del inóculo y para marcar la lesión
durante la inyección. Tras haberse terminado el contenido de
la jeringa, se conectó una segunda jeringa luer-lock con 0,4
cc de suero fisiológico lavador (volumen comprobado de la luz
de la aguja) para empujar el remanente que quedaba en la aguja. Esto
se realizó así por dos razones, para no perder la más
mínima cantidad de inóculo (ya que pequeñas cantidades
eran significativas) y para no diluir el contenido inoculado. Tras
haber terminado la inyección, se espero un rato con la aguja
dentro de la lesión y después se retiró muy lentamente,
para dar tiempo a que el trayecto se fuera cerrando, en un intento
de evitar en lo posible la extravasación. Cada procedimiento
se programaba como el último del día y la sala era posteriormente
clausurada y limpiada según requisitos legales de seguridad.
Todos los procedimientos se pudieron realizar exitosamente y en ninguno
se registraron complicaciones significativas inmediatas o diferidas
relacionadas directamente con la técnica endoscópica.
Colocación
de semillas de braquiterapia con control ecoendoscópico
La braquiterapia es una disciplina de la radioterapia que consiste
en la implantación de isótopos radioactivos dentro o
en la vecindad de tumores. Sus objetivos son básicamente dos,
conseguir la mayor dosis posible y que ésta se concentre en
el volumen tumoral a tratar, respetando los tejidos circundantes.
Atendiendo a la localización de la fuente emisora respecto
a la lesión existen varias posibilidades. La forma superficial
que consiste en posicionar la fuente emisora de radioterapia en la
superficie de la lesión (piel, ojo...), la intraluminal en
la que el dispositivo emisor se sitúa dentro de la luz de un
órgano tubular (esófago, vía biliar, recto...),
la endocavitaria en la que la fuente emisora se posiciona dentro de
una cavidad hueca (útero, vagina...) y la intersticial que
consiste en situar la fuente dentro del intersticio de la lesión
(próstata, pulmón...). Por otro lado, los dispositivos
utilizados pueden ser temporales (agujas, sondas, prótesis
retirables...) o permanentes (generalmente semillas).
El método por el que se puede guiar la colocación
de estos dispositivos varía según el tipo de tratamiento,
su localización anatómica y lo familiarizado que esté
el equipo que realiza el procedimiento con una u otra técnica.
Los métodos habituales son la guía fluoroscópica,
la ecográfica, mediante TC, la quirúrgica y ocasionalmente
la endoscopia convencional. Existen muy pocos trabajos en la literatura
sobre procedimientos guiados por ecoendoscopia (10,11,12).
La finalidad del procedimiento guiado por ecoendoscopia es colocar
un número calculado de semillas radioactivas repartidas en
el intersticio de la tumoración. El número de semillas
y su distribución está determinado por el radioterapeuta
especializado en braquiterapia, utilizando un programa informático
de dosimetría en base a un TC de volúmenes. Las semillas
utilizadas fueron de yodo 125 (125I), son cápsulas de titanio
con el yodo en su interior, miden 4,5 X 0,8 mm de diámetro
y entran perfectamente por el canal de una aguja de 19G para PAAF
con estilete en punta de bola, sin riesgo de que se atasquen (antes
de indicar los procedimientos se hicieron rigurosas comprobaciones
del buen paso de las semillas a través de la aguja, utilizando
semillas similares pero sin carga). Estas semillas tienen una energía
de 27,4 keV, su actividad es de 0,3 a 0,6 mCi alcanzando a los tejidos
una dosis terapéutica (media de 145 Gy) en un volumen de 5
mm de radio en torno a ellas. En 59,4 días la actividad de
la semilla es la mitad y rápidamente ésta decae hasta
niveles sin actividad biológica.
En nuestro centro hemos llevado a cabo 2 procedimientos en 2 pacientes
respectivamente. En ambos casos se trataba de pacientes intervenidos
de su tumor primario, que también habían recibido quimio
y radioterapia con intención radical y que presentaban, tiempo
después, una recidiva única demostrada con los medios
de estadificación habituales y PAAF guiada por ecoendoscopia.
El primer caso se trataba de una paciente de 59 años que en
noviembre de 2001 fue diagnosticada de un adenocarcinoma que debutó
como una masa pulmonar solitaria en el lóbulo superior del
pulmón izquierdo. Los estudios de extensión mostraron
una estadificación clínica T1N0M0. Fue intervenida en
marzo de 2002 mediante lobectomía pulmonar y linfadenectomía
mediastínica. La estadificación quirúrgica fue
T1N2M0. El PET fue positivo para enfermedad residual ganglionar mediastínica
por lo que recibió tratamiento quimioterápico y posteriormente
radioterapia externa de consolidación. El PET siguiente fue
negativo. Se hicieron seguimientos posteriores con TC que resultaron
negativos. Tiempo después comenzó con parálisis
de la cuerda vocal izquierda, apareciendo en un PET una captación
única paratraqueal izquierda que resulto positiva para adenocarcinoma
en una PAAF realizada desde el esófago por ecoendoscopia. El
cirujano torácico desestimó una resección quirúrgica
y la paciente fue remitida a Nuestro Centro para un tratamiento de
braquiterapia intersticial. Ya en Nuestra Institución se le
realizo una RM torácica y un PET que descartaron la existencia
de otras lesiones. El 11 de octubre de 2005 fue intervenida quirúrgicamente
con la intención de colocar en la lesión semillas de
braquiterapia. Debido a la importante fibrosis mediastínica
y a que la lesión estaba situada en ventana aortopulmonar el
tratamiento por vía quirúrgica resulto imposible. Por
esto se decidió un abordaje ecoendoscópico transesofágico
que se realizó el 26 de octubre de 2005. El procedimiento se
realizó como una ecoendoscopia de punción habitual,
en decúbito lateral izquierdo, bajo sedación profunda
con control anestésico y con un ecoendoscopio lineal modelo
GF-UCT140AL5 de la marca Olimpus que funciona con un ecógrafo
Aloka. Con el ecoendoscopio situado en esófago sobre la lesión
y con una aguja de 19G de la marca Cook, se realizaron 5 pases, uno
central en el que se colocaron 6 semillas (2 distales, 2 centrales,
2 proximales) y otros cuatro pases periféricos teóricamente
equidistantes en los que se depositaron 5 semillas (2 distales, 1
central, 2 proximales), colocando un total de 26 semillas que correspondía
con la dosis estimada para ese volumen tumoral. Las semillas fueron
introducidas por el radioterapeuta dentro de la luz de la aguja de
una en una o de dos en dos, según correspondiera, y se hicieron
progresar empujándolas con el propio estilete de la aguja hasta
ser liberadas en el intersticio de la lesión. Durante la introducción
de las semillas parte del gas situado en la luz de la aguja produjo
un microenfisema en el intersticio de la lesión que dificultó
el procedimiento, debido a la pérdida parcial de la visión
ecográfica. No se registraron complicaciones. Posteriormente
se realizó un TC con estudio dosimétrico que resultó
satisfactorio (12). La paciente permaneció libre de enfermedad
en el seguimiento que incluyó PAAF de la lesión, hasta
que en enero de 2007, al ser reevaluada por deterioro respiratorio,
se le descubrió progresión de la enfermedad en otro
punto alejado del punto tratado.
El segundo caso se trataba de un paciente de 47 años diagnosticado
de un adenocarcinoma gástrico que en octubre de 2001 acude
a Nuestro Centro para tratamiento. La estadificación inicial
fue de adenocarcinoma gástrico localmente avanzado por lo que
recibió tratamiento neoadyuvante con quimio y radioterapia.
Fue reestadificado y el 6 de mayo de 2002 se intervino quirúrgicamente
mediante una gastrectomía total ampliada, siendo el diagnóstico
anatomopatológico T2N1Mx con 6 ganglios afectos. Después
recibió tratamiento complementario y en octubre de 2005, durante
el seguimiento, fue diagnosticado mediante PAAF guiada por ecoendoscopia
de una recidiva adenopática preaórtica en la vecindad
de la anastomosis esófago-yeyunal. Recibió nuevo tratamiento
quimioterápico que finalizó en enero de 2006. Ante la
persistencia de enfermedad confinada a esa localización, la
accesibilidad para la ecoendoscopia y la experiencia del caso previo,
se decidió realizar tratamiento con braquiterapia intersticial
guiado por ecoendoscopia. El 15 de febrero de 2006 de manera similar
a la descrita anteriormente se colocaron un total de 27 semillas en
el intersticio de la lesión que correspondía con la
dosis estimada para ese volumen tumoral. No se registraron complicaciones
y un TC con dosimetría posterior resultó satisfactorio.
Casi un año después el paciente falleció fuera
de Nuestro Centro por una hemorragia digestiva importante en la que
no se llego a investigar el punto de sangrado y sin haberse demostrado
hasta entonces progresión de la enfermedad.
Discusión
Teóricamente estos métodos parecen razonables a la
hora de poder tratar algunas lesiones de otra manera inaccesibles.
En lo que se refiere al procedimiento ecoendoscópico en general
no entrañan una dificultad especial. Para poderlo hacer hay
que estar entrenado en ecoendoscopia y en PAAF guiada por ecoendoscopia.
Como única objeción, sobre todo en la colocación
de semillas de braquiterapia y en localizaciones concretas, donde
el ecoendoscopio debe estar marcadamente angulado (como en el marco
duodenal) o cuando existe importante fibrosis entre la aguja y el
tejido diana, el avance de una aguja de 19G puede resultar dificultoso,
arriesgado o imposible.
Para realizar estos procedimientos debe haber un ecosistema adecuado.
Para ello debe tratarse de un Centro con experiencia en ecoendoscopia,
con una infraestructura de laboratorios de investigación, con
ensayos clínicos que necesiten estos procedimientos concretos,
con una patología oncológica cuantiosa, con un equipo
de radioterapia experto en braquiterapia y con unas características
de comunicación, cooperación y disponibilidad entre
departamentos peculiares.
En cuanto a la terapia génica el freno actual no se debe
tanto a dificultades de accesibilidad a la lesión o a dificultades
técnicas en su aplicación, sino más bien a la
necesidad de una fase de reevaluación, de más investigación,
de búsqueda de nuevas estrategias, de nuevos vectores y de
nuevos agentes con efectos más eficaces. En lo que se refiere
a la colocación de semillas de braquiterapia por ecoendoscopia
uno de los factores limitantes es la selección de pacientes
que se beneficien del procedimiento. Para que un paciente pueda beneficiarse
de este procedimiento deben cumplirse una serie de circunstancias
que pocas veces se dan. Creemos que debe tratarse de un tumor localizado
(primario, recidiva o metástasis) sin evidencia de otros focos
tumorales, que las estrategias convencionales de tratamiento estén
agotadas o se consideren inútiles, que sea subsidiario de tratamiento
con braquiterapia intersticial, que no haya otra via más experimentada
de acceso y que sea accesible para la técnica ecoendoscópica.
Estos criterios, aunque razonables, pueden someterse a revisión
y buscar otras aplicaciones con criterios menos restrictivos tanto
como terapia de primera línea, complementaria o de rescate.
La serie más larga publicada de colocación de semillas
con guía ecoendoscopica hace referencia a 15 pacientes con
cáncer de páncreas estadio III ó IV11. En ella
el beneficio terapéutico se limita a un 30% de los pacientes
consistente sobre todo en una reducción del dolor. En Nuestro
Centro no contemplamos de forma general el tratamiento del cáncer
de páncreas por este método, dado que el control local
de la enfermedad con quimioradioterapia externa ? cirugía es
satisfactorio y el factor pronostico de peso suele ser la progresión
de la enfermedad a distancia.
En resumen, se trata de procedimientos ecoendoscópicos relativamente
sencillos en cuanto a la técnica endoscópica y que exigen
una experiencia consolidada sobre todo en PAAF guiada por ecoendoscopia.
La ecoendoscopia permite acceder a lugares poco accesibles o del todo
inaccesibles para otras técnicas, reduciendo así la
posible morbilidad derivada de otros abordajes. No obstante, no son
procedimientos de aplicación general y deben emplearse en condiciones
particulares y en pacientes seleccionados. Posiblemente la investigación
a todos los niveles, la búsqueda de nuevas estrategias en la
lucha contra el cáncer y el desarrollo de nuevo material de
ecoendoscopia más específico, puedan hacer de la ecoendoscopia
una técnica más útil en el tratamiento o la paliación
de algunos tumores y esto redunde en un beneficio para los pacientes.
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