El síndrome de hipertensión portal (HTP) es una situación
clínica provocada inicialmente por un aumento de las resistencias
intrahepáticas a la circulación portal en los pacientes
con cirrosis hepática. El mantenimiento y el aumento progresivo
de la presión portal, depende fundamentalmente de la magnitud
del flujo portal, procedente de una circulación esplácnica
hiperdinámica y de las resistencias de la circulación
colateral que permite a la sangre cortocircuitar (bypasear) el hígado.
Igualmente, las situaciones que provocan una interferencia del flujo
a cualquier nivel del sistema portal, pueden originar hipertensión
portal.
La hipertensión portal está provocada por una alteración
hemodinámica de la circulación hepática y esplácnica
y por tanto, parece lógico que las técnicas que sean
capaces de valorar esta alteración hemodinámica nos
ofrecerán más información que cuando sólo
se pueden valorar los cambios morfológicos hepáticos.
La ecografía Doppler (ED) nos permite evaluar cambios hemodinámicos
y nos ofrece INFORMACIÓN CUALITATIVA que es absolutamente fidedigna;
INFORMACIÓN CUANTITATIVA más difícil de reproducir,
pero perfectamente válida para la propia unidad de ecografía.
Además, se pueden obtener INFORMACIÓN SEMICUANTITATIVA
que reflejan la resistencia al flujo arterial, distal al vaso estudiado
(Índice de Resistencia: IR e Índice de Pulsatilidad:
IP).
Esta evaluación hemodinámica, se traduce en:
1.- Mejorar de forma objetiva la capacidad del modo B convencional
en el diagnóstico de la hipertensión portal.
2.- Facilitar o establecer el diagnóstico de complicaciones
de la hipertensión portal (trombosis portal, riesgo de sangrado
por varices).
3.- Evaluar el resultado de tratamientos farmacológicos (b
bloqueantes, mononitratos) o del funcionamiento del stent cuando se
ha colocado un TIPS.
4.- Aportar factores pronósticos a la evolución de la
cirrosis.
DATOS CUANTITATIVOS.
La ecografia Doppler nos permite obtener valores cuantitativos de
la Velocidad y flujo portal. La velocidad portal (Vp) está
en general disminuida en los pacientes con hipertensión portal.
La aportación de la Vp al diagnóstico de hipertensión
portal es sin embargo poco precisa por una serie de factores, como
son la propia heterogeneidad del síndrome de hipertensión
portal con diferentes estadios evolutivos; la variación que
puede provocar en la Vp la diversidad de patrones hemodinámicos,
con colaterales portosistémicas con tamaños y localizaciones
muy diferentes de uno a otro paciente, (una paraumbilical permeable
de suficiente calibre aumenta la Vp y al contrario, colaterales esplenorrenales
pueden disminuir e invertir el flujo portal) y la propia variabilidad
inter e intraobservador, si bien esta variabilidad se puede reducir
a niveles no significativos (< 11%) siguiendo una serie de directrices
comunes (1). Existe además una variabilidad entre equipos de
diferentes casas comerciales.
Todos estos factores hacen que la Vp sea difícil de reproducir,
lo que disminuye su aplicación en la práctica clínica.
No obstante, existe consenso en que valores de Vp< 12 cm/seg se
consideran patológicos y son altamente sugestivos de hipertensión
portal (2).
La cuantificación del volumen de flujo portal se puede calcular
conociendo la velocidad portal y el área de la porta en un
corte transversal (Q = Vm × A ; Q= Volumen de flujo portal,
V= velocidad media portal, A= área del círculo portal
en un corte transversal). La variabilidad en el caso del flujo portal
es superior a la Vp, debido también a la formación de
colaterales de extensión variable según cada paciente
(una paraumbilical permeable y dilatada condiciona un volumen de flujo
alto, subestimando el grado de hipertensión portal y colaterales
esplenorrenales disminuyen y pueden invertir el flujo portal) a lo
que se suma la posibilidad de errores en el cálculo del área
portal.
En un intento de solucionar los problemas de reproducibilidad de
la Vp y el flujo, Moriyasu describió el “índice
de congestión portal” (IC) que relaciona los dos parámetros
que más se alteran en la hipertensión portal, el calibre
de la porta que tiende a aumentar, y la velocidad de flujo que tiende
a disminuir. Este índice, se correlaciona con la resistencia
portal (3) y se calcula dividiendo el área de la porta en un
corte transversal, por la velocidad portal, y está elevado
en pacientes con cirrosis e hipertensión portal., de manera
que un IC > 0,12 cm/seg tienen una sensibilidad del 67% (4). .
En otro estudio más reciente que incluye 375 pacientes, un
IC > 0,1 obtuvo una sensibilidad y especificidad del 95% en el
diagnóstico de hipertensión portal (5) , si bien no
se observó correlación con el gradiente de presión
portal.
El IC se ha aplicado a la predicción del riesgo de sangrado
de varices esofágicas. La valoración de este índice
puede identificar a pacientes con mayor o menor riesgo de hemorragia
en la misma situación endoscópica (6) (valores más
altos de IC se asocian a mayor riesgo de tener el primer episodio
de sangrado). Igualmente, la valoración de parámetros
Doppler, facilita el pronóstico de hemorragia recurrente después
de la erradicación de varices esofágicas tras escleroterapia
endoscópica (7).
En los sujetos normales, la ingesta de alimentos provoca un incremento
del flujo portal, situación que no se presenta en pacientes
cirróticos con hipertensión portal (8) , y que es más
evidente en pacientes con grandes varices, costituyendo un parámetro
predictor del riesgo de hemorragia (9).
Los valores cuantitativos de Vp y flujo, son un método totalmente
válido para evaluar “in vivo” los cambios hemodinámicos
provocados en el mismo sujeto por tratamientos farmacológicos
de la hipertensión portal (10). En esta situación, las
posibles fuentes de error en la medición de los valores absolutos
de velocidad y flujo, afectarán por igual a las diferentes
mediciones, y la única variable que provocaría cambios
en estos valores sería la medicación.
Se ha comprobado una disminución significativa de la velocidad
y el flujo portal en pacientes cirróticos tratados con propranolol,
atenolol y dinitrato de isosorbide (11). La reducción de la
presión portal medida por cateterismo de suprahepáticas,
se correlaciona significativamente con una reducción de la
velocidad y flujo portal en la mayoría de los pacientes tratados
con propranolol (12) , por lo que las mediciones Doppler parecen reflejar
con exactitud la respuesta hemodinámica del propranolol en
cirróticos.
La colocación de un TIPS, es un procedimiento indicado en
el tratamiento de la HDA por varices que no puede ser controlada con
métodos farmacológicos y/o endoscópicos (esclerosis,
bandas elásticas) y en algunos casos de ascitis refractaria.
Aunque la colocación del stent puede realizarse solo mediante
fluoroscopia, la ecografia Doppler permite identificar la vena hepática
idónea, y guiar la aguja de punción hepática,
y una vez establecido el trayecto, seleccionar la longitud de la prótesis
y evaluar su ubicación.
La derivación de la sangre portal al sistema de menor presión
de la cava, provoca una serie de cambios hemodinámicos que
pueden ser cuantificados mediante Doppler y que son la base para valorar
posteriormente la disfunción del shunt, que se presenta en
más del 80% de los pacientes durante el primer año (13,14)
.
En las primeras horas tras la colocación del stent, se producen
cambios hemodinámicos importantes, que consisten en aumento
significativo de la Vp (> 20 cm/seg), inversión del flujo
en las ramas portales y velocidades en stent muy elevadas, casi siempre
superiores a 100 cm/seg.
El diagnóstico precoz de la existencia de estenósis
de la prótesis que provoca disfunción del shunt, es
fundamental para proceder a dilatación a través de cateterismo
de la suprahepática. La técnica de elección en
el diagnóstico precoz es la ecografia Doppler.
La disfunción del shunt, módifica los cambios que se
habían producido inmediatamente a su colocación, de
manera que el flujo de las ramas portales se vuelve a invertir (se
hace de nuevo hepatópeto) y la velocidad portal disminuye.
En una reciente publicación del grupo del Hospital Clínico
de Barcelona (15) , los autores encuentran que la media de las velocidades
máximas de la porta común y la dirección del
flujo en las ramas portales intrahepáticas fueron las variables
independientes predictoras de disfunción del TIPS. Si el flujo
en las ramas portales es hepatópeto, una velocidad en porta
común menor de 39 cm/seg es indicativo de disfunción.
Con flujo hepatófugo en ramas portales intrahepáticas,
velocidades en porta común por debajo de 28 cm/seg son indicativas
de disfunción (Sensibilidad 90%, Especificidad 45%, Valor predictivo
negativo 0,23). Es decir, que en ausencia de criterios clínicos
de disfunción, un estudio doppler con criterios de shunt funcionante
contraindica la realización de un cateterismo de suprahepáticas.
Por último, los datos cuantitativos se han correlacionado
en algunos estudios con el grado de funcionalidad hepática,
de manera que se ha descrito una correlación significativa
entre la tendencia a la disminución de la velocidad del flujo
portal y el incremento del estadio Child-Pough (16-18). . Una Vp <
10 cm/seg se ha asociado a una tasa de supervivencia menor (19); La
disminución de la velocidad y el flujo portal portal a partir
de ciertos límites, pueden ser datos adicionales a la escala
de Child-Pough y a la gradación MELD para facilitar el pronóstico
de la cirrosis.
DATOS SEMICUANTITATIVOS.
En el estudio Doppler de vasos arteriales pequeños y tortuosos
como las arterias intrahepáticas, no es posible conseguir un
ángulo de incidencia que nos permita obtener datos cuantitativos.
Para esta situación se establecieron los Índices de
Resistencia (IR) y Pulsatilidad (IP) en función de las frecuencias
máxima, mínima y media del espectro arterial (IR = Vs-Vd
/ Vs ; IP = Vs-Vd / Vm) en los que no es necesario conocer el ángulo.
Estos índices miden la resistencia al flujo arterial en el
tejido distal al tramo de arteria estudiado, y están elevados
en la cirrosis hepática, correlacionándose este aumento
con el aumento de la resistencia sinusoidal (3), aumentando en mayor
medida en casos de trombosis portal (3) .
Un IR de arterias intrahepáticas mayor de 0,78 obtuvo una
sensibilidad baja (31%) y una especificidad elevada (93%) para el
diagnóstico de cirrosis (20). Por otra parte el aumento fisiológico
del IR que se produce tras la ingesta, no se detecta en pacientes
con cirrosis.
El “índice vascular hepático” relaciona
la velocidad portal (que está disminuida) con las resistencias
arteriales hepáticas (que están aumentadas) a través
del IP (IV=Vm x 0’57/IP, donde IV es el índice vascular,
Vm es la velocidad media de las máximas portales e IP es el
índice de pulsatilidad). Cuando su valor es inferior a 12 cm/seg,
puede establecerse el diagnóstico de cirrosis hepática
e hipertensión portal con una sensibilidad del 93% y una especificidad
del 97% (22) .
En las ramas intraparenquimatosas de la arteria esplénica,
se produce también un aumento de los IR y IP en la cirrosis
hepática, independientemente del tamaño esplénico,
aumento que se correlaciona con la resistencia vascular esplenoportal
(23), y que se normaliza tras trasplante hepático, a menos
que existan complicaciones que alteren la resistencia portal (24)
.
A diferencia de las arteria intrahepáticas e intraesplénicas,
los IR e IP están disminuidos en la arteria mesentérica
superior (25) como consecuencia del aumento de presión sinusoidal,
y del establecimiento de una circulación esplácnica
hiperdinámica (26) .
La disminución del IP de esta arteria se ha asociado al empeoramiento
de la función hepática y del estado de las varices esofágicas
(27,28) . Además, en pacientes con cirrosis e hipertensión
portal, no se produce el marcado descenso del IR tras la ingesta,
que se ve en sujetos normales (27,29), al contrario de lo que ocurre
en las arterias intrahepáticas.
El estudio del IR de las arterias arcuatas e interlobares renales,
permite valorar el grado de vasoconstricción renal y puede
ser un factor predictor de la respuesta a tratamiento diurético
y del desarrollo de síndrome hepatorrenal (30) .
DATOS CUALITATIVOS.
Los datos cualitativos son prácticamente inequívocos,
y nos dan información sobre la permeabilidad del vaso, la dirección
del flujo y la naturaleza del trazado arterial o venoso.
Tanto la detección de colaterales, como la dirección
del flujo en ellas, está enormemente facilitada. La recanalización
de la vena paraumbilical se puede ver en modo B cuando tiene un calibre
suficiente en la mayoría de los casos, pero las venas gástricas
cortas, la gástrica izquierda, las colaterales esplenorrenales,
y otras colaterales menos frecuentes como las intrahepáticas,
perivesiculares, omentales, solo se visualizan con Doppler color.
No siempre que se visualiza un vaso colateral es indicativo de hipertensión
portal. Una vena paraumbilical permeable de 2 mm con velocidad inferior
a 5 cm/seg se puede observar en sujetos sanos (31,32). Igualmente
una vena gástrica izquierda de un calibre inferior a 6 mm,
con flujo hepatópeto puede verse en sujetos normales; por el
contrario calibres mayores se asocian a hipertensión portal
y varices esofágicas (33) , y cuando el flujo es hepatófugo
a velocidades significativas (12-13 cm/seg) implica además
riesgo elevado de sangrado por varices (34,35) .
La inversión del flujo portal es un dato importante en la
evaluación de la hipertensión portal, y está
presente en el 8% de los pacientes cirróticos (36) , implica
un grado avanzado de hipertensión portal y suele asociarse
a la existencia de colaterales esplenorrenales (36) .La presencia
de flujo portal alternante (hepatópeto en inspiración
y hepatófugo en espiración) es también un signo
de hipertensión portal.
La inversión del flujo portal, se asocia a menor riesgo de
sangrado por varices y a un aumento de la frecuencia de episodios
de encefalopatía hepática (36); por otra parte, en esta
situación está contraindicado el tratamiento del carcinoma
hepatocelular mediante quimioembolización por el riesgo de
isquemia hepática, sobre un hígado con ausencia de flujo
portal, lo que puede provocar una insuficiencia hepática aguda
con pronóstico infausto en un hígado cirrótico
(37).
La trombosis portal (TP) es una complicación de la cirrosis
hepática, con una incidencia variable, probablemente alrededor
del 2% en pacientes sin cáncer hepático (38) que se
eleva hasta el 25% cuando se sobreimplanta un carcinoma hepatocelular.
La técnica de elección para el diagnóstico de
TP es la ecografía Doppler color /angioDoppler. Aunque el modo
B puede detectar algunas trombosis establecidas, la trombosis reciente
es indiagnosticable con ecografía convencional, ya que el trombo
se comporta como anecóico, siendo imprescindible el estudio
con Doppler color y/o PowerDoppler (angioDoppler). La sensibilidad
y especificidad del Doppler color es del 89% y 92% respectivamente,
con un valor predictivo negativo cercano al 100% (0,98) (39) lo que
significa que si conseguimos demostrar con Doppler la existencia de
flujo, se puede descartar con seguridad la TP sin que se requieran
otros estudios.
El relativo elevado número de falsos positivos se debe a
un flujo portal muy lento y en ocasiones invertido, sumado a una calidad
deficiente en modo B (gas, obesidad, fibrosis esteatosis, ascitis
importante); en estos casos, si con angioDoppler y rangos muy bajos
de velocidades no conseguimos demostrar flujo portal, está
indicado utilizar potenciadores de señal (Levovist) que nos
permite evidenciar flujo en un porcentaje elevado de estos pacientes,
con un aumento de la seguridad diagnóstica que pasa del 35%
sin potenciadores al 90% con potenciadores, superior a la seguridad
diagnóstica del TAC dinámico (40) .
En pacientes con TP de larga evolución se puede producir el
desarrollo de vasos colaterales que cortocircuitan la obstrucción
dando lugar a la llamada cavernomatosis portal, que es fácilmente
detectable con Doppler color. La TP da lugar con frecuencia a colaterales
perivesiculares que se detectan con Doppler color como “varices”
de la pared vesicular (41).
La trombosis parcial de la porta se presenta en casi el 6% de pacientes
cirróticos (36) y es también fácilmente diagnosticable
mediante Doppler color/Power Doppler.
La trombosis de la porta común o de alguna de sus ramas es
un hecho frecuente en pacientes con carcinoma hepatocelular; el trombo
se produce por invasión tumoral de la porta, y en algunos casos
la naturaleza tisular del trombo se puede demostrar con Doppler pulsado,
al obtenerse un registro arterial dentro del trombo, dato que se considera
patognomónico de invasión tumoral portal (42) .
Por último, el estudio mediante Doppler pulsado de las venas
suprahepáticas puede demostrar una pérdida del patrón
trifásico normal en la mitad de pacientes con cirrosis. El
25% adopta un patrón bifásico y otro 25% un trazado
plano de tipo portal (43) . Estos cambios, provocados probablemente
por una falta de distensibilidad hepática por la fibrosis se
han correlacionado en un estudio con el tamaño de las varices
esofágicas (44).
La ausencia de flujo por trombosis o la inversión del flujo
en las venas suprahepáticas se consideran hallazgos patognomónicos
del síndrome de Budd-Chiari (45) .
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