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INTRODUCCIÓN
La ecografía es la técnica de imagen más empleada
en el estudio de pacientes con sospecha de cirrosis hepática
y/o hipertensión portal (HTP). El ecografista debe conocer
el conjunto de signos ecográficos que pueden establecer la
existencia de estas dos entidades, su interpretación, técnica
de exploración, significado y precisión diagnóstica.
En el momento actual, el estudio ecográfico debe incluir tanto
la valoración de los datos observables con la ecografía
en escala de grises, como los derivados del estudio Doppler. En esta
revisión analizaremos el valor de los primeros en el estudio
de la HTP, haciendo alguna anotación sobre las limitaciones
de los signos derivados del estudio Doppler.
El desarrollo de una cirrosis hepática es el principal punto
de inflexión en la valoración del pronóstico
asociado a la hepatopatía difusa crónica de cualquier
etiología, pues es determinante de la aparición de la
mayoría de las complicaciones asociadas a la misma. La cirrosis
es causa del 90 % de los casos de HTP en el medio occidental, síndrome
caracterizado por el aumento patológico de la presión
portal, que a su vez es responsable de buena parte de las complicaciones
asociadas a la cirrosis hepática.
Un 10 % de los casos de HTP en nuestro medio son producidos por alteraciones
diferentes a la cirrosis hepática. En esta situación,
el objetivo de la US es aportar datos sobre la localización
suprahepática, intrahepática o prehepática del
obstáculo al flujo portal, y sobre la entidad responsable de
la misma (tabla 1). Aunque infrecuentes, en pacientes con HTP de supuesto
origen hepático, sin hepatopatía crónica conocida,
deben considerarse otras patologías como sarcoidosis, tuberculosis,
amiloidosis, mastocitosis, infiltración tumoral o poliquistosis.
También puede aparecer HTP en pacientes con cuadros agudos
como la enfermedad venooclusiva aguda, hepatitis fulminante o esteatosis
hepática aguda del embarazo.

El diagnóstico ecográfico de una cirrosis descompensada
es relativamente fácil de realizar, a partir de una amplia
semiología ecográfica bien definida. Por el contrario,
la aportación de esta técnica a la determinación
del estadio histológico en pacientes con una enfermedad crónica
sin los indicios habituales de disfunción hepática ni
HTP es menos evidente. Esta situación es de especial importancia
en el momento actual, pues aproximadamente un 25 % de las personas
que se estudian por hipertransaminasemia mantenida, y se someten a
biopsia hepática, tienen ya una cirrosis hasta ese momento
no sospechada (1,2).
SEMIOLOGÍA ECOGRÁFICA DE LA CIRROSIS HEPÁTICA
El diagnóstico ecográfico de cirrosis se basa en la
existencia de alteraciones en la ecoestructura hepática (tabla
2) y signos ecográficos de hipertensión portal (tabla
3). La importancia relativa de cada uno de ellos depende de la situación
clínica concreta y del estadio evolutivo. En cualquier caso,
es frecuente que el ecografista pueda asegurar la existencia de una
cirrosis hepática en pacientes con una enfermedad hepática
crónica gracias a la presencia de signos de HTP, aun cuando
las anomalías hepáticas no sean lo suficientemente expresivas
para permitir este diagnóstico.


Circulación colateral: es el único signo ecográfico
específico de la existencia de hipertensión portal,
pero su prevalencia es muy variable (15-80 %), siendo poco frecuente
en pacientes con enfermedad silente (3). Debe ser buscada sistemáticamente,
siendo las vías más frecuentes la umbilical y la gástrica
izquierda. Cuando se visualice esta última (por detrás
del lóbulo izquierdo hepático), se debe valorar su calibre
y, sobre todo, dirección de flujo, pues no es infrecuente demostrarla
con un diámetro inferior a 5 mm y flujo hepatópeto de
manera fisiológica en sujetos delgados. Otras colaterales a
explorar son las espleno-renales y gástricas cortas en el hilio
esplénico, y varices císticas en la pared vesicular.
El estudio Doppler puede facilitar la visualización de estructuras
vasculares cuando la exploración en escala de grises es peco
satisfactoria; también permite asegurar el carácter
venoso y la dirección del flujo en los vasos detectados, lo
cual es de especial importancia en el caso de la vena gástrica
izquierda, que puede ser confundida con la arteria del mismo nombre
o estar presente de manera fisiológica con flujo hepatópeto.
Dilatación del sistema portal: a nivel de las venas esplénica,
mesentérica superior o porta, siendo esta última la
mejor estudiada y de menor variabilidad. Un calibre portal mayor de
12-13 mm (según los estudios) permite establecer el diagnóstico
de cirrosis con especificidad superior al 90 % y sensibilidad por
encima del 50 % (2-7). La medida se debe realizar antes de la entrada
del vaso en el parénquima hepático y a distancia de
la confluencia espleno-mesentérica, generalmente donde se cruza
la arteria hepática. Se ha demostrado una ausencia de modificación
del calibre de las venas esplénica y mesentérica superior
con la respiración, a diferencia de lo que sucede en sujetos
sanos, por lo que es aconsejable su medida en espiración forzada.
Sin embargo, pocas veces aportan estas determinaciones datos añadidos
a la valoración del calibre portal.
Disminución de la velocidad de flujo portal: es un hallazgo
habitual en casos de cirrosis avanzada, pero inconstante en fases
iniciales. Existe, además, una notable superposición
en los valores determinados en pacientes sin y con cirrosis; no se
puede garantizar que los valores con capacidad diagnóstica
en los estudios realizados, sean los de mayor utilidad para otros
aparatos y exploradores, dada la notable variabilidad existente para
estas determinaciones. Dos estudios con un diseño correcto
la incluyen entre las medidas de mayor eficacia en la predicción
de cirrosis en la hepatopatía compensada, con 12 cm/seg como
el mejor valor de corte (1,8). El resultado debe ser la media de al
menos 3 determinaciones en la vena porta extrahepática, realizadas
en ayunas, en decúbito supino, con una adecuada visualización
de la misma, a distancia de la confluencia esplenomesentérica,
tomadas con un ángulo de insonación entre 30º y
60º y un volumen muestra de 2/3 del diámetro del vaso.
Otros autores han estudiado el cociente entre el calibre y la velocidad
de flujo portal, denominado índice de congestión de
la vena porta, y algunos han observado que es el parámetro
que mejor se correlaciona con la presión portal, pero sólo
se ha analizado en pacientes con HTP clínicamente evidente,
es decir, con varices esofágicas, encefalopratía o ascitis
(9-11).
Otros signos de HTP: la esplenomegalia y la ascitis son hallazgos
frecuentes pero no específicos de la cirrosis hepática.
La presencia de ascitis puede facilitar la demostración de
una superficie hepática nodular haciendo extremadamente fiable
el diagnóstico de cirrosis si se excluye la existencia de una
infiltración metastásica hepática multinodular.
En casos de ascitis de origen no evidente, además de la superficie
hepática, se debe valorar la pared vesicular, pues su engrosamiento
es muy sugestivo de que la misma sea debida a HTP. La HTP da lugar
a un aumento de la impedancia en las arterias hepáticas (12,13)
y disminución de las esplácnicas (14), provocadas, respectivamente,
por la disminución del flujo portal y la circulación
hiperdinámica asociada a la cirrosis. Estos cambios pueden
ser estudiados mediante Doppler, a través de los índices
de resistencia y pulsatilidad, pero su utilidad ha sido poco evaluada
en la práctica clínica. La aplicación de potenciadores
de la señal Doppler a programas informáticos específicos
o a nuevas tecnologías ecográficas, como la inversión
de pulsos, permite el estudio de nuevos signos de HTP como son el
tiempo transcurrido desde que el ecopotenciador inyectado por vía
intravenosa produce un incremento de la señal a nivel de las
venas suprahepáticas. Se ha observado que este tiempo es significativamente
inferior en cirróticos, debido a la arterialización
del flujo hepático y a la existencia de comunicaciones intrahepáticas
e intrapulmonares (15)
UTILIDAD DE LA ECOGRAFÍA EN LA PREDICCIÓN DE CIRROSIS
EN PACIENTES CON HEPATOPATÍA CRÓNICA SILENTE
La gran mayoría de los trabajos que abordan la semiología
ecográfica de la cirrosis hepática han incluido pacientes
con enfermedad clínicamente evidente (con ascitis, ictericia,
malnutrición,…) o han comparado los hallazgos con los
de un grupo control formado por sujetos sin enfermedad hepática,
lo que impide extrapolar los resultados a pacientes con una hepatopatía
“silente”. Cuatro estudios han abordado esta situación,
con resultados sólo parcialmente concordantes, pero coincidiendo
en una elevada precisión diagnóstica para afirmar o
descartar la existencia de cirrosis. En todos, los signos ecográficos
de HTP juegan un importante papel en el diagnóstico.
Lin et al (16) analizaron la utilidad de la valoración conjunta
de la superficie hepática, su ecoestructura, la nitidez en
la visualización de los vasos intrahepáticos y el tamaño
del bazo en un estudio prospectivo de seguimiento de pacientes con
hepatitis crónica y biopsias seriadas hasta la aparición
de cirrosis. Aplicando una escala de puntuación (tabla 3) establecieron
el diagnóstico de cirrosis con una sensibilidad y especificidad
del 82 y 80 %, respectivamente, cuando se establecía en 7 puntos
el valor de corte, y del 45 y 93 % cuando se elevaba a 8 puntos.
Cioni et al (8) analizaron mediante un modelo de regresión
logística la utilidad de 11 variables analíticas y ecográficas
en el diagnóstico de cirrosis en 114 pacientes con hepatopatía
compensada. Sólo la trombopenia, el tamaño del bazo
y la velocidad máxima del flujo portal mostraron valor predictivo
independiente, de manera que el 98 % de los pacientes con al menos
2 de estas determinaciones con valores anormales tenían una
cirrosis, estadio que sólo se demostró en el 4 % de
aquellos con las tres variables dentro de la normalidad.
Gaiani et al (1) aplicaron un análisis discriminante a la
valoración conjunta de 7 variables ecográficas en 212
pacientes con hepatopatía crónica (tamaño hepático,
superficie, relación entre lóbulo derecho y caudado,
ecoestructura, calibre portal, tamaño esplénico y velocidad
de flujo portal), en un estudio con una metodología excelente
e incluyendo una valoración externa de los resultados. Observaron
que con la consideración de sólo la superficie hepática
y la velocidad de flujo portal establecieron el diagnóstico
de cirrosis con sensibilidad del 82 % y especificidad del 80 %, que
no fueron mejoradas con la adición de otras variables al modelo.
En un trabajo realizado por nuestro grupo (2), valoramos conjuntamente
la utilidad de las 18 variables ecográficas que se han considerado
de utilidad en la estadificación de la hepatopatía crónica
en un estudio prospectivo y ciego sobre 113 pacientes sin indicios
de insuficiencia hepática ni hipertensión portal conocida,
remitidos para laparoscopia o biopsia hepática. Ningún
paciente presentó ascitis ecográfica. Ninguno de los
parámetros del estudio Doppler permitió distinguir a
los pacientes cirróticos. Mediante análisis de regresión
logística múltiple, sólo la alteración
de la ecoestructura hepática, el calibre portal y el tamaño
del bazo alcanzaron valor predictivo independiente para el diagnóstico
de cirrosis. Tras conformar una escala de puntuación con estas
3 variables (tabla 4), se pudo establecer el diagnóstico de
cirrosis con sensibilidad del 80 % y especificidad del 92 % empleando
un valor de corte = 2.


DIAGNÓSTICO ECOGRÁFICO DE OTRAS CAUSAS DE HIPERTENSIÓN
PORTAL
Insuficiencia cardiaca derecha: el hígado suele estar aumentado
de tamaño. La US puede poner de manifiesto una dilatación
de la vena cava inferior con escasa disminución de su calibre
en inspiración profunda, así como la dilatación
de las venas suprahepáticas (17). El estudio Doppler muestra
un aumento de la onda retrógrada normal de las mismas, lo que
confiere a su trazado un aspecto en “W”. En fases avanzadas,
la onda de flujo portal pierde su trazado continuo para hacerse bifásico
con fase hepatópeta y hepatófuga (18).
Síndrome de Budd-Chiari: la obstrucción al flujo de
las venas suprahepáticas se puede apreciar directamente ante
la evidencia de dilatación, ocupación, estenosis o interrupción,
y el estudio Doppler pone de manifiesto la ausencia de flujo, o su
inversión o falta de oscilaciones por encima del obstáculo.
En otras ocasiones da lugar a signos indirectos, como son la aparición
de vasos colaterales intrahepáticos tortuosos, localizados
en la porción superior y subcapsular, con un flujo habitualmente
continuo, o la hipertrofia de lóbulo caudado (19,20).
Enfermedad venooclusiva hepática: es una complicación
frecuente tras trasplante de médula ósea, de difícil
diagnóstico precoz. La US puede poner de manifiesto la presencia
de hepatoesplenomegalia, signos de HTP y afilamiento de las venas
suprahepáticas con ausencia de flujo o al menos aplanamiento
de la onda en el estudio Doppler. Aunque estos hallazgos se han considerado
de utilidad en el diagnóstico temprano, así como en
el diagnóstico diferencial con la enfermedad del injerto contra
el huésped (21), no está bien establecida su precisión
diagnóstica.
Esquistosomiasis hepática: la infección por esquistosoma
mansoni provoca una HTP presinusoidal en el 10 % de los casos, que
da lugar a alteraciones en la US que permiten distinguir 3 grados
evolutivos con probable valor pronóstico (22):
Grado 1: se aprecia un engrosamiento
ecogénico de la pared de la vena porta a nivel de su bifurcación
y en el cuello vesicular.
Grado 2: el refuerzo ecogénico se extiende desde las ramas
principales a las periféricas a modo de bandas fibrosas hacia
la superficie hepática.
Grado 3: incluye las alteraciones descritas en los grados 1 y 2.
También es frecuente la demostración de pequeños
focos ecogénicos periféricos como reflejo de la fibrosis
de pequeñas ramas portales, así como la presencia de
signos inespecíficos de HTP. La infección por esquistosoma
japonicum da lugar a la aparición de septos y calcificaciones
periportales y subcapsulares (23).
Fibrosis hepática congénita: los hallazgos ecográficos
son difícilmente distinguibles de los de la cirrosis salvo
que exista enfermedad de Caroli asociada, en cuyo caso se apreciarán
las lesiones quísticas típicas, que pueden demostrarse
comunicadas con la vía biliar. La visualización de protrusiones
anecoicas intraquísticas con flujo en el estudio Doppler constituyen
el signo de Marchal, considerado patognomónico de esta entidad
(24).
Obstrucción al flujo portal: Como se expone más adelante,
la ecografía es la técnica de primera elección
para su demostración por su capacidad para demostrar su presencia,
el nivel de obstrucción y, con frecuencia, su causa.
APLICACIONES DE LA ECOGRAFÍA DOPPLER EN EL SEGUIMIENTO DE LA
HIPERTENSION PORTAL.
Diagnóstico de trombosis portal: La ecografía puede
poner de manifiesto la presencia de una trombosis portal por la evidente
ocupación de la luz por material sólido, o la ausencia
de flujo en el estudio Doppler pulsado, pero ha sido el desarrollo
de la tecnología Doppler color la que acerca la precisión
diagnóstica al de otras técnicas más complejas
e invasivas, al ofrecer una sensibilidad del 89 % y especificidad
del 92 % (25). El estudio con Doppler color convencional puede, sin
embargo, ser incapaz de poner de manifiesto la presencia de flujos
portales muy lentos, y dar lugar a falsos diagnósticos de trombosis
portal. Este riesgo disminuye con el empleo de la angiografía
por Doppler color y con la adición de potenciadores de la señal
Doppler, ambas tecnologías ampliamente difundidas en el momento
actual. Cuando la trombosis es completa y de larga evolución
puede observarse una especie de masa con múltiples trayectos
vasculares sinuosos, con flujo continuo en el estudio Doppler, que
da lugar a la denominada transformación cavernomatosa. Múltiples
causas pueden dar lugar a una trombosis portal (cirrosis, infecciones,
estados de hipercoagulabilidad, neoplasias, embarazo, cirugía,…).
El carácter tumoral de un trombo portal en pacientes con cirrosis
viene sugerido por la evidencia de invasión vascular por el
tumor pero, en su ausencia, el asiento del trombo en una rama portal
dilatada, la presencia de vascularización arterial en su interior
o la demostración de flujo venoso invertido en el trombo predicen
su carácter neoplásico con sensibilidades que oscilan
entre el 62 y 90 % y especificidad superior al 95 % (26-28).
Predicción del riesgo de rotura de varices esofágicas:
La rotura de varices esofágicas es una complicación
frecuente y grave de la HTP, por lo que se aconseja la práctica
de endoscopias periódicas en los pacientes con cirrosis para
su detección e instauración de tratamiento profiláctico.
Dado que sólo alrededor de la mitad de los cirróticos
presentan varices esofágicas, la eficiencia de esta estrategia
aplicada a todos los pacientes es objeto de discusión y varios
estudios han analizado la existencia de predictores clínicos,
analíticos o ecográficos de la presencia o ausencia
de varices, que permitan seleccionar a aquellos pacientes que se beneficiarán
de la endoscopia. Así, Schepis et al (29), observaron que el
91 % de los pacientes que presentaban simultáneamente alteración
en la actividad de protrombina, trombopenia y un calibre de la vena
porta en ecografía superior a 13 mm, presentaban varices esofágicas,
mientras esto sólo sucedía en el 10 % de los que no
presentaban ninguna de estas anomalías. Por desgracia, el 60
% de los pacientes presentan algunas de estas alteraciones y tienen
un riesgo intermedio de presentar varices. La esplenomegalia también
se ha observado asociada a la existencia de varices esofágicas.
En un estudio reciente, el 74 % de los pacientes en los que el cociente
entre la cifra de plaquetas y el diámetro longitudinal del
bazo era inferior a 909 presentaban varices, pero ninguno de aquellos
con un cociente superior a esta cifra (30). Curiosamente, los parámetros
hemodinámicos determinados mediante estudio Doppler no se han
mostrado útiles para incrementar la limitada utilidad de estos
parámetros ecográficos en la selección de pacientes
con diferente riesgo de presentar varices esofágicas. La presencia
de una vena umbilical de calibre superior a 6 mm protege del desarrollo
y rotura de varices esofágicas (31), al igual que la demostración
de una velocidad de flujo en la misma superior a la registrada en
la vena porta (32,33).
Pronóstico vital: Aunque los signos ecográficos de
hipertensión portal se hacen más evidentes con el deterioro
de la función hepática, pocos estudios han analizado
la aportación de los mismos a la predicción del riesgo
de muerte, y los resultados son raramente aplicados a los protocolos
clínicos. En un grupo de pacientes con cirrosis en grado A
de Child, típicamente considerados como de buen pronóstico
a medio plazo, nuestro grupo observó una notable variabilidad
en la supervivencia a 4 años, y que los pacientes con una vena
porta > 13 mm y/o un bazo > 145 mm de diámetro longitudinal
presentaban un riesgo de muerte 6 veces superior. Además, junto
al sexo varón, dichas alteraciones ecográficas fueron
las únicas predictoras del riesgo de muerte entre un amplio
grupo de variables clínicas y analíticas (34). La reducción
de la velocidad de flujo portal también se ha demostrado un
factor de mal pronóstico, que añade precisión
al riesgo de muerte asociado al grado de Child, pero dicho riesgo
de muerte no se encuentra bien cuantificado, por lo que su interpretación
clínica es difícil de realizar (35).
Evaluación de la derivación percutánea portosistémica
intrahepática (DPPI): la ecografía es una técnica
fundamental para la valoración de los pacientes que van a ser
sometidos a DPPI, pues permite establecer el calibre y permeabilidad
de la vena porta y sus ramas, la permeabilidad de las venas suprahepáticas
y la presencia de hepatocarcinoma. Una vez colocada, la permeabilidad
de la derivación debe ser evaluada periódicamente, pues
se registran tasas de disfunción (oclusión total o estenosis)
superiores al 50 % al año de seguimiento, con el consiguiente
riesgo de complicaciones de la hipertensión portal. Si bien
la ecografía Doppler permite poner de manifiesto la disfunción
de la derivación a través de la ausencia de flujo en
su interior (Fig 19), disminución o inversión de la
velocidad de flujo portal, aumento de la velocidad dentro de la prótesis,
o evidencia de un estrechamiento en la misma (36), estos hallazgos
suelen ser tardíos y poco sensibles (37,38) por lo que los
estudios angiográficos y hemodinámicos invasivos continúan
siendo necesarios para detectar precozmente la disfunción y
evitar sus complicaciones.
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