ECOGRAFÍA HIDROGASTRICA.
La ecografía hidrogástrica es una técnica consistente
en la realización de una ecografía transabdominal convencional
habiendo administrado previamente al paciente una cantidad variable
de agua (generalmente, entre 100-500 ml). El objetivo es crear una
interfase líquida en el estómago que permita una adecuada
ventana acústica para la transmisión de los ultrasonidos
y de esta manera, permitir la visualización de las capas de
la pared gástrica de forma similar a como se observan mediante
ecoendoscopia, y así permitir el diagnóstico de patología
que se asienta en ella.
Para una correcta exploración es necesario realizar cortes
longitudinales, transversales y oblicuos, ayudándose de la
movilización del paciente, con el fin de facilitar una correcta
visualización del fundus, cuerpo y antro gástrico. Así,
en decúbito lateral izquierdo se puede explorar fundus y porción
proximal del cuerpo, en decúbito supino se visualizan cuerpo
medio y distal y el antro; y finalmente, en decúbito lateral
derecho se explora el antro en su totalidad.
Se pueden emplear dos tipos de transductores; de 3.5 MHz para las
regiones más profundas y de 5 MHz, para las más próximas
a la piel, aunque este último suele ser suficiente en la mayoría
de las veces, y el más idóneo ya que permite delimitar
bastante bien las diferentes capas del estómago.
Las diferentes capas de la pared gástrica se observan de
manera similar a como se visualizan mediante ecoendoscopia. Desde
la luz hacia el exterior, son: la capa más interna, hiperecogénica,
corresponde a la interfase mucosa-líquido y a la mucosa más
superficial; la segunda capa es hipoecogénica y corresponde
a la muscularis mucosa y su interfase con la submucosa; la tercera
capa es hiperecogénica y corresponde a la submucosa y la interfase
acústica entre la submucosa y la muscular propia; la cuarta
capa, que es hipoecogénica, corresponde a la muscular propia
más su interfase con la mucosa; y la quinta capa, hiperecogénica,
corresponde a la serosa y grasa subserosa (1).
Algunos autores han propuesto ésta técnica como un
método de estudio por imagen de la pared gástrica complementario,
ya que no es invasiva, tiene alta sensibilidad y su coste es bajo
(2-5).
TUMORES SUBMUCOSOS GÁSTRICOS
Las lesiones submucosas gástricas, al igual que las del resto
del tracto gastrointestinal, aparecen en la endoscopia convencional
como protrusiones intraluminales cubiertas por mucosa de aspecto normal.
Generalmente, son hallazgos incidentales en la exploración
endoscópica o en los estudios radiológicos con contraste.
El diagnóstico diferencial incluye tanto lesiones del interior
de la pared no epiteliales (benignas o malignas), vasos intramurales
o compresiones extrínsecas producidas por estructuras vecinas
(6,7).
Son lesiones poco frecuentes y se dividen en benignos y malignos.
Cuando producen síntomas, a menudo se trata de tumores de gran
tamaño y agresividad (de forma típica el leiomiosarcoma)
y suelen hacerlo en forma de hemorragia digestiva.
Los tumores submucosos se describen ecográficamente como
lesiones hipo o hiperecogénicas, dependiendo de su tipología,
que respetan serosa y mucosa, aunque en algunos casos la integridad
de esta última está afectada por una ulceración,
generalmente en su cúspide, que ecográficamente se visualiza
como una zona hiperecogénica que interrumpe la continuidad
de la mucosa.
El leiomioma es el tumor submucoso benigno más frecuente del
tracto gastroduodenal (7). Es más frecuente en varones y la
edad media de aparición es 55 años. Tiene su origen
en el músculo liso, bien de la capa muscular propia, bien de
la muscularis mucosa. Macroscópicamente es una formación
bien encapsulada, recubierta de mucosa normal, a menudo con una ulceración
central. Asienta preferentemente en el intestino delgado y estómago,
aunque también se han descrito en colon y esófago. En
el estómago, suele localizarse en fundus o en la porción
más proximal de cuerpo gástrico y puede llegar a medir
varios centímetros. Aunque lo más frecuente es que sea
único, se han descrito casos de leiomiomatosis múltiple.
El crecimiento suele ser intraluminal, aunque hay algunos casos de
crecimiento extraluminal (7-10). Los leiomiomas no suelen dar sintomatología,
pero cuando son sintomáticos, casi siempre suelen manifestarse
por dolor y/o hemorragias, aunque pueden observarse otros síntomas
como disfagia persistente, náuseas y vómitos, pirosis,
distensión abdominal,... Se debe sospechar endoscópicamente
un leiomioma ante cualquier abombamiento de la pared recubierto de
mucosa normal y firmemente adherida. Ecográficamente, es una
lesión típicamente hipoecogénica que se desarrolla
a partir de la segunda capa (muscularis mucosa) o cuarta capa hipoecogénica
(muscular propia, donde se sitúan con mayor frecuencia), y
que puede estar tabicado o contener imágenes cálcicas
en su interior. El tratamiento de estas lesiones es quirúrgico:
enucleación o resección local ( 6,7,11-13).
El leiomiosarcoma se comporta de igual forma que el leiomioma, y
con mucha frecuencia es indistinguible del mismo. Constituye el 1-3%
de la totalidad de los tumores gastroduodenales malignos7. Es frecuente
encontrar ulceraciones en su superficie, con signos de sangrado reciente
y, a diferencia de su variante benigna, suelen ser lesiones de mayor
tamaño. Varios autores han definido distintas características
ultrasonográficas que sugieren benignidad o malignidad: bordes
irregulares, focos ecogénicos > 3 mm, imágenes quísticas
> 4mm, diámetro > 4cm y heterogeneidad. Así, la
combinación de distintos criterios tiene una sensibilidad entre
el 80-100% según las distintas series (11,14,15).
El lipoma es un tumor submucoso benigno que se visualiza endoscópicamente
como una formación nodular y típicamente amarillenta,
que no supera habitualmente los 3 cm de diámetro. Prácticamente
siempre es asintomático. Se localizan con más frecuencia
en tramos intestinales distales, aunque en ocasiones pueden encontrarse
en cavidad gástrica. Ecográficamente, se presentan como
una lesión hiperecogénica, homogénea, en la tercera
capa (submucosa) (6,7,11).
Son lesiones submucosas más raras en cavidad gástrica
las derivadas de estructuras neurales, como el schwanoma y el neurofibroma.
Endoscópicamente aparecen como lesiones bien delimitadas, de
consistencia firme. Desde el punto de vista ultrasonográfico,
el schwanoma es una lesión de contornos ovalados, homogénea
e hipoecogénica, aunque menos que los leiomiomas, lo que puede
servir para su diagnóstico diferencial, que se localiza, bien
delimitada, en la tercera capa o submucosa. El neurofibroma suele
ser hiperecogénico, y se origina en la submucosa o en la muscular
propia, y prácticamente en la totalidad de los casos se observa
en el contexto de una neurofibromatosis de Von Recklinghausen (6,7).
Los tumores carcinoides se localizan con más frecuencia en
el intestino delgado distal, aunque en ocasiones se observan en el
duodeno y en la región antropilórica gátrica,
de forma única o múltiple. Visualizadas mediante endoscopia
convencional, se observan como lesiones redondeadas de pequeño
tamaño, y a menudo con focos de necrosis en su superficie.
La imagen ecográfica muestra una lesión pequeña
(suelen ser menores de 1 cm), homogénea, hipoecogénica
(pero más ecogénicos que la muscular), situada en la
segunda capa (mucosa), por lo que las biopsias, si no son muy superficiales,
pueden ser diagnósticas (6,7,11).
En muy raras ocasiones, se pueden encontrar metástasis submucosas,
sobre todo de melanoma, siendo esta de fácil diagnóstico
por su característica apariencia endoscópica (7).
El páncreas aberrante o ectópico es una lesión
que suele localizarse en la curvatura mayor del antro gástrico,
aunque es más frecuente su localización en las primeras
porciones de duodeno. Suele ser un hallazgo causal en el curso de
una endoscopia convencional, aunque a veces da clínica de dolor
abdominal. Si es de gran tamaño y está cerca del píloro
o en las porciones más proximales de duodeno, puede producir
síntomas obstructivos. Endoscópicamente se observa como
una imagen sobreelevada, redondeada, que en ocasiones presenta una
umbilicación central en relación con la desembocadura
ductal. Mediante ecografía, se observa una lesión hipoecogénica,
ligeramente heterogénea, a veces con imágenes quísticas,
situada habitualmente en la cuarta capa, con frecuencia visualizando
el conducto central (6,7,11).
PAPEL DE LA ECOGRAFÍA HIDROGÁSTRICA EN EL ESTUDIO
DE LOS TUMORES SUBMUCOSOS GASTRICOS.
En la actualidad, se considera la ultrasonografía endoscópica
o ecoendoscopia como la mejor técnica para el estudio de las
lesiones submucosas del tracto digestivo (6,7,11,16-18). Sin embargo,
no siempre se dispone de esta técnica, por lo que se puede
recurrir a la realización de una ecografía hidrogástrica
para su evaluación.
En un trabajo realizado en la Unidad de Ecografía Digestiva
de nuestro servicio, analizamos la utilidad la utilidad de la ecografía
hidrogástrica en la detección de tumores submucosos
gástricos previamente diagnosticadas por endoscopia.
Material y métodos
Se estudiaron 15 pacientes del Hospital Universitario La Paz diagnosticados
previamente, mediante endoscopia, de tumoración submucosa gástrica.
Se les sometió a la realización de estudio ecográfico
hidrogástrico, para lo cual fue necesario la ingestión
de un volumen variable de agua (100-500 ml), en función de
las necesidades, para obtener una ventana acústica adecuada
que permitiera la visualización de las cinco capas de la pared
gástrica en las distintas regiones de la cavidad. En todos
los casos la tolerancia a la ingesta del agua fue buena, sin presentar
dolor, molestias o vómitos en ningún caso. Para una
correcta exploración se realizaron cortes longitudinales, transversales
y oblicuos en las posiciones descritas previamente con el fin de facilitar
una correcta visualización del fundus, cuerpo y antro gástrico,
con transductores de 3,5 y de 5 MHz. El diagnóstico final de
la lesión se obtuvo con el estudio anatomopatológico
de la biopsia endoscópica o de la pieza quirúrgica.
Resultados
Se estudiaron 15 pacientes, 7 mujeres y 8 varones. La edad media
de los pacientes fue de 55 años (rango 24-82), siendo para
las mujeres de 62 años (47-82) y para los varones de 52 años
(rango 24-76). El motivo de consulta principal de los casos de este
trabajo fue la hemorragia digestiva (53,2%), seguida de epigastralgia
(20%), revisión de lesión (13,4%), anemia (6,7%) y efecto
masa (6,7%). Los 15 pacientes, previamente diagnosticados mediante
endoscopia de tumoración submucosa, fueron sometidos a la realización
de ecografía hidrogástrica. Con esta técnica
se demostró la existencia, en todos los casos, de una o varias
lesiones hipoecogénicas, de bordes bien definidos, que no rompían
serosa ni mucosa, excepto en 6 casos en los que se detectó
una zona hiperecogénica en su cúspide correspondiente
a una ulceración, la coincidencia de la ecografía hidrogástrica
con la endoscopia convencional en este aspecto es del 66%. En cuanto
a la localización, un 53,2% se detectaron en el antro, un 26,6%
en el cuerpo, un 13,3% fueron de localización subcardial y
un 6,7%% en el fundus. Todos los casos fueron diagnosticados anatomopatológicamente
de leiomiomas (8 casos, 53,3%) o de tumores del estroma gastrointestinal
(6 casos, 40%), a excepción de un caso de tumor del sistema
autónomo gástrico. El tamaño medio de las lesiones
fue de 3,9 cm, oscilando entre 1 y 6 cm, a excepción de uno
de los casos, en el que el tumor medía 15 cm.
A continuación se exponen, como ejemplo, dos de los
casos evaluados:
CASO Nº 1: Mujer de 47 años que acude
por dispepsia y anemia ferropénica.
Gastroscopia: En curvadura mayor de cuerpo gástrico bajo
se objetiva una lesión de 2 cm. recubierta de mucosa normal
en su totalidad, excepto en su cúspide donde existe una ulceración
de 2 mm.
Ecografía hidrogástrica: En cuerpo gástrico
bajo, lesión hipoecogénica que no rompe serosa, estando
la mucosa respetada en su totalidad excepto en una zona central que
aparece deprimida e hiperecogénica y que corresponde a la ulceración
vista en la endoscopia (fig. 1).
El diagnóstico anatomopatológico final fue de leiomioma
gástrico ulcerado (fig. 2).
Fig. 1 y 2. Imagen obtenida mediante ecografía hidrogástrica
de tumoración submucosa (izquierda) e imagen de la pieza quirúrgica.
Obsérvese la concordancia entre ambas.

Figura 1 |

Figura 2 |
CASO Nº 2: Varón de 24 años
que consulta por melenas.
Gastroscopia: En cara anterior, curvadura menor de antro se observa
una lesión submucosa de unos 3-4 cm, ulcerada, con restos hemáticos
adheridos (fig. 3).
Ecografía hidrogástrica: En cara anterior, curvadura
menor de antro gástrico, lesión submucosa de 3 cm.,
que respeta la serosa y la mucosa en su totalidad (fig. 4).
El diagnóstico anatomopatológico final fue de tumor
del estroma gastrointestinal.
Fig. 3 y 4. Imagen obtenida mediante endoscopia alta convencional
(izquierda) y ecografía hidrogástrica de tumoración
submucosa.

Figura 3 |

Figura 4 |
DISCUSIÓN
La ecografía convencional del tracto gastrointestinal ofrece
muchas dificultades debido a la presencia de gran cantidad de gas
y a las falsas imágenes patológicas que pueden producir
las asas intestinales. Sin embargo, la observación de imágenes
en pseudorriñón en una ecografía convencional
obliga a descartar patología a dicho nivel (1,19-21).
Se han publicado varios trabajos acerca de la denominada ecografía
hidrocólica, es decir, el estudio del colon previo llenado
del mismo con líquido. La ecografía hidrogástrica
se fundamenta en lo mismo y el objetivo principal es la valoración,
previa distensión gástrica mediante agua, de las cinco
capas que conforman la pared y el grosor de ésta última.
Las lesiones que plantean mayor dificultad a la hora de visualizarlas
son aquellas situadas en el fundus gástrico (1,4,22-24).
En este estudio se ha pretendido analizar si la ecografía
hidrogástrica pudiera ser una técnica complementaria
útil en la valoración de lesiones submucosas gástricas.
En todos los casos se visualizó la lesión como una masa
hipoecogénica, dependiente de la pared gástrica y generalmente
de bordes bien definidos. La endoscopia es prácticamente diagnóstica
cuando la tumoración es relativamente grande, pero muchas veces
pasan desapercibidas lesiones más pequeñas que con la
ecografía hidrogástrica se detectan bien. Además
la ecografía con llenado del estómago es capaz de definir,
a diferencia de la endoscopia, la integridad de la mucosa y de la
serosa. Estos hallazgos concuerdan con los de el trabajo realizado
por Quiroz Moreno et al, en el que analizan 150 pacientes con lesiones
submucosas diagnosticadas por endoscopia, realizando ecografía
hidrogástrica posterior. La sensibilidad y especificidad de
la ecografía hidrogástrica fue del 85% y 90%, respectivamente,
con un valor predictivo positivo del 78% y negativo del 94%. Con todo
esto concluyen que la ecografía hidrogástrica es una
técnica de imagen rápida, de bajo coste y no invasiva
que puede ser útil para establecer el diagnóstico clínico
y en los primeros pasos de la evaluación de las lesiones submucosas
de la pared gástrica (25).
La ecoendoscopia es actualmente la técnica más utilizada
para la detección de anomalías de la pared gástrica,
debido a su alta sensibilidad y especificidad. Sin embargo, la ecoendoscopia
es una técnica compleja, que requiere conocimientos endoscópicos
y ecográficos y no está disponible en todos los centros.
Existe al menos un estudio que compara la rentabilidad de la ecoendoscopia
y la ecografía hidrogástrica en la valoración
de tumores submucosos gástricos, teniendo en cuenta las ventajas
y los inconvenientes de ambas. En este trabajo, Polkoski et al estudian
de forma prospectiva 51 pacientes diagnosticados mediante endoscopia
y ecoendoscopia de tumoraciones gástricas submucosas que fueron
sometidos posteriormente a ecografía hidrogástrica.
Concluyen que la ecografía hidrogástrica, con una sensibilidad
de un 69%, y dado que es no invasiva y muy barata, puede ser potencialmente
útil para el seguimiento en pacientes con tumores submucosos
gástricos26. No obstante, sería interesante realizar
algún otro estudio más comparando la rentabilidad de
la ecoendoscopia y la ecografía hidrogástrica, teniendo
en cuenta las ventajas y los inconvenientes de ambas. No obstante,
creemos que las dos técnicas se complementan y que ambas pudieran
ser útiles, dependiendo de su uso, de la experiencia que se
tenga en las mismas y de las posibilidades de personal experto y equipos
en cada centro (17,27).
En nuestro estudio los tumores fueron previamente identificados y
localizados mediante endoscopia, y la correlación entre endoscopia
y ecografía fue buena, lo que concuerda con los hallazgos de
otros trabajos publicados28. Sin embargo, al realizar la ecografía
hidrogástrica ya sabíamos la situación de la
lesión, lo cual puede explicar el alto porcentaje de detección
de las lesiones. Por tanto la ecografía hidrogástrica
no fue utilizada como método de screening.
No pretendemos en ningún caso sustituir a la endoscopia convencional
para el diagnóstico de este tipo de lesiones, pero sí
la proponemos como técnica complementaria a la gastroscopia
y a la radiología, sobre todo en el diagnóstico de lesiones
submucosas y en la valoración de lesiones endoscópicas
sospechosas de compresiones extrínsecas, al poder demostrar
éstas con claridad, a la vez que la indemnidad de las distintas
capas de la pared gástrica.
No obstante, creemos que la ecografía hidrogástrica
es una técnica que hay que tener muy en cuenta en el estudio
de las tumoraciones submucosas de la pared gástrica, no sólo
por su capacidad de localizar y medir la lesión, sino principalmente
para determinar la integridad de la mucosa y de la serosa, y para
demostrar, siempre que sea posible, la capa de la que la lesión
depende.
CONCLUSIONES
La ecografía hidrogástrica es útil en el diagnóstico
de las lesiones submucosas de la pared gástrica.
Es importante tener en cuenta que ésta técnica requiere
no sólo la experiencia del explorador, sino también
la utilización de sonda de alta frecuencia, la existencia de
una ventana acústica adecuada y la realización de una
exploración minuciosa.
En ningún momento pretendemos que la ecografía hidrogástrica
sustituya a otras técnicas como la endoscopia o la ecoendoscopia
en el diagnóstico de lesiones submucosas, pero sí planteamos
que pueda ser una alternativa, ya que no es invasiva, es muy accesible,
permite explorar la totalidad de la pared gástrica, así
como la integridad de sus capas, y su coste es muy bajo.
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