Sensibilidad de la ecografía para el diagnóstico y
caracterización de lesiones focales en el hígado cirrótico.
Utilidad para valorar el número de lesiones y la presencia
de trombosis portal.
La ecografía es una técnica sensible a las innovaciones
tecnológicas y muy dependiente del operador, y probablemente
con unos resultados en la práctica clínica habitual
algo peores que aquellos que se muestran en los estudios de investigación,
en donde la motivación y el esmero es mayor. Debemos disponer
de equipos de última generación, debemos exigirlos,
puesto que es una técnica barata, que requiere mucho más
esfuerzo por el médico que otras técnicas de imagen,
y el precio de los equipos supone una mínima parte del gasto
si se compara con esfuerzo del médico.
La ecografía es un procedimiento sensible y eficiente para
detector lesiones focales en el hígado cirrótico. La
seguridad para la detección de CHC en pacientes con hepatopatía
crónica, aunque algo menor cuando la confirmación es
con el explante, oscila entre un 50 y un 94% (7-11) .
¿Cuál es la razón de estas diferencias en cuanto
a la sensibilidad de la ecografía?. Dichas diferencias se atribuyen
al diseño del estudio, al conocimiento de la existencia de
las lesiones cuando se realiza la ecografía por haber realizado
previamente otras pruebas de imagen, a lo avanzado de la enfermedad
hepática (cuanto más avanzada, más difícil
es detectar lesiones focales), y también, como acabamos de
comentar, depende de si el procedimiento para comparar los resultados
es otra técnica de imagen (Tomografía computerizada
(TC), RMN (resonancia magnética nuclear) o el estudio patológico
del hígado (resección o trasplante) así como
al intervalo entre la ecografía y el trasplante hepático
(a mayor lista de espera, más posibilidad de crecimiento y
aparición de nuevas lesiones con respecto al momento en el
que se había realizado la ecografía previa). No debe
desdeñarse, aunque sin duda tiene su importancia, el hecho
de que en la práctica clínica habitual, que viene a
ser la que se obtiene cuando se realizan estudios retrospectivos,
la sensibilidad resulte inferior a la obtenida cuando se realiza un
estudio de investigación. Asimismo la sensibilidad depende
de la tecnología que se aplique, pues cuanto más avanza
ésta, mayor es el rendimiento obtenido, y este hecho explica
que en los estudios de los dos últimos años, la sensibilidad
llegue al 94% incluso comparándola con los hallazgos en la
pieza quirúrgica.
Los resultados no son tan brillantes en cuanto a la capacidad de
valorar el número de lesiones, en los pacientes con CHC multinodular,
y en el momento actual, la ecografía no se puede considerar
la técnica idónea para determinar el número de
lesiones hepáticas, lo cual es imprescindible para decidir
el tratamiento, y por ello es imprescindible el empleo de otra técnica
de imagen como la TC o la RMN antes de tomar la decisión, puesto
que estas técnicas le superan en sensibilidad y en especificidad.
Ello es debido a su su escasa sensibilidad en tumores iguales o inferiores
a 20 mm de diámetro, que se cifra en tan sólo el 25%
(11).
Otro aspecto muy importante a valorar en un paciente con una lesión
focal hepática con vistas al tratamiento es la presencia o
no de trombosis portal. Los carcinomas hepatocelulares tienen una
marcada tendencia a invadir la porta, mucho más que cualquier
otro tipo de tumor hepático o que las metástasis, creciendo
en los vasos portales, produciendo incluso una arterialización
de la vena porta invadida, inicialmente la rama derecha o la izquierda,
dependiendo de la localización del tumor, pero posteriormente
también del tronco principal; la invasión portal es
un dato de mal pronóstico, que impide la curación, y
constituye probablemente la principal vía para que se desarrollen
metástasis a distancia. En principio toda trombosis portal
que aparece en un hígado con un CHC se debe considerar tumoral.
La trombosis tumoral de la porta se suele asociar a un aumento del
diámetro de la misma (tronco y/o ramas) al estar ocupada por
el trombo, la neovascularización tumoral en el interior del
vaso produce asimismo la presencia de flujo pulsátil, aunque
ni la ausencia de este (Doppler) ni una PAAF (punción aspiración
con aguja tina) negativa del trombo excluyen un origen tumoral de
la trombosis.
A continuacióin detallamos los principales factores que contribuyen
a que no siempre se vean las lesiones focales:
• Pequeño tamaño
• Escaso cambio de ecogenicidad entre la lesión focal
y el hígado un tumoral (lesiones isoecogénicas)
• Margen de la lesión mal delimitado
• Infiltración grasa
• Reverberación producida por la pared abdominal
• Espacios intercostales pequeños
En los pacientes que presentan alguna de las limitaciones señaladas,
puede plantearse realizar realizar TC o RMN (12-15) aunque no exista
una sospecha razonable de lesión focal. No existen sin embargo
estudios aleatorizados que analicen este aspecto.
Importancia de las distintas técnicas ecográficas
en el diagnóstico y caracterización de las lesiones
focales en el hígado cirrótico
En cuanto a las técnicas ecográficas, el empleo de
armónico he mejorado de forma muy importante el rendimiento
diagnóstico; los equipos de última generación
incorporan otras opciones que permiten obviar algunas de las limitaciones
de la ecografía convencional, como la técnica de imagen
compuesta, y técnicas de procesado para supresión de
manchas, con las que disminuye la reverberación producida por
la pared abdominal y se mejora la delimitación entre la lesión
y el hígado no tumoral. En las figuras 1 y 2 mostramos las
diferencias en calidad de imagen entre la imagen convencional y la
ecografía con armónico. Prácticamente todos los
equipos de última generación llevan incorporado un “software”
que permite el empleo de estos recursos.
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| Figura 1. Diferencia en cuanto a calidad de imagen
entre la ecografía convencional (izquierda) y la ecografía
con armónico y técnicas para mejorar la imagen. |
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| Figura 2. La pequeña lesión focal
señalada con la flecha negra correspondía, a pesar
de parecer por el aspecto un hemangioma, a un pequeño CHC
en un paciente con cirrosis hepática; esta lesión
podría pasar inadvertida empleando ecografía convencional
(a la izquierda de la figura), sin embargo con armónico
(a la derecha de la figura) el borde es más nítido
y el contraste entre la lesión focal y el hígado
no tumoral mucho más evidente. |
El empleo del Doppler es esencial, no sólo para comprobar
la permeabilidad de la porta, factor esencial para conocer el estadío
tumoral, sino también para apreciar la vascularización
peritumoral e intratumoral lo que además sirve de referencia
para comparar con los estudios que se realizan después del
tratamiento percutáneo. Habitualmente el CHC presenta una vascularización
arterial peritumoral en canasta, como se aprecia en la figura 3. La
vascularización intratumoral es más difícil de
valorar salvo si empleamos ecopotenciadores, bien de primera generación
(Levovist) (Figuras 4 y 5) bien de segunda generación (Sonovue).
La ecografía tridimensional también aporta mejoras en
cuanto a la evaluación de la vascularización peri e
intratumural. Algunos equipos de ecografía tridimensional incorporar
un programa informático que permite cuantificar la vascularización,
lo que también resulta muy útil para valorar respuesta
después de realizar tratamiento percutáneo.
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| Figura 3. Power Doppler. Vascularización
en canasta en un paciente con carcinoma hepatocelular. No se detecta
vascularización intratumoral. |
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Figura 4. El mismo paciente de la figura anterior.
Con el empleo de Levovist, se objetiva un marcado incremento de
la vascularización perilesional y al mismo tiempo se detecta
vascularización, aunque mínima, intralesional, adyacente
a la porción más anterior del tumor.
|
El empleo de contrastes de segunda generación (Sonovue) permite
obtener unos resultados comparables a los de otras técnicas
de imagen más costosas, como la TC o la RMN. Tras la administración
del contraste, en la fase arterial precoz (a los 25 segundos) se objetiva
la presencia de vasos intratumorales irregulares, a los 30 segundos
se puede observar como la lesión se torna hiperecogénica.
En la fase portal, a los 60 segundos, se produce un lavado del contraste
ecográfico, y la lesión se va tornando más hipoecogénica
que el parénquima hepático adyacente y en la fase de
equilibrio o parenquimatosa, a los 4 minutos, se torna hipoecogénica
con respecto al hígado no tumoral. Existe un considerable número
de estudios comparando los resultados obtenidos con la ecografía
con contrastes de segunda generación y la TC o la RMN. Nosotros
carecemos de experiencia por el momento. Una de las limitaciones de
la técnica es que únicamente se puede estudiar una lesión
de cada vez. En la práctica cada vez se utiliza más
para la evaluación inicial de un tumor sometido a tratamiento
percutáneo, puesto que permite la valoración sobre la
marcha en el momento del tratamiento de las zonas hipercaptantes,
y de este modo facilita situar la aguja en esa zona, y el tratamiento
selectivo de la misma, mejorando el rendimiento; la TC o la RMN se
reserva para cuando con la ecografía con contraste ya no se
detecta flujo arterial (16-21).
 |
| Figura 5. Power Doppler con Levovist, se objetiva
una pequeña lesión hipoecogénica en el segmento
IV (Delimitada con puntas de flecha negras) con vascularización
intratumoral evidente, asimismo se demuestra la permeabilidad
de la rama portal adyacente a la misma. VSHM: vena suprahepática
media. VSHD: vena suprahepática derecha. |
Las nuevas técnicas ecográficas mejoran la calidad
de imagen y probablemente aparecerán estudios que además
demuestren una mayor sensibilidad con respecto a los estudios actuales.
Con los equipos de última generación después
de un estudio ecográfico en un hígado cirrótico
estamos en condiciones de afirmar si existe o no al menos una lesión
focal, su tamaño, si la porta y sus ramas son permeables o
si existe una trombosis de probable origen tumoral, otros datos relacionados
con la gravedad de la enfermedad hepática que también
tienen suma trascendencia para la decisión del tratamiento
como la presencia de ascitis o signos ecográficos de hipertensión
portal. Es imprescindible relizar seguidamente un TC o una RMN para
valorar el número de lesiones, hasta la fecha insuficientemente
valoradas con la ecografía y siempre que una de ellas mida
más de 2 cm, si el comportamiento es típico, no es necesario,
como veremos más adelante, realizar estudios histológicos.
La ecografía es una técnica muy barata en cuanto al
coste de los equipos y al mantenimiento, pero muy laboriosa y minuciosa;
si pretendemos una asistencia óptima de los pacientes con carcinoma
hepatocelular, los equipos de última generación reducen
el tiempo de exploración del operador, que en nuestro medio
es el médico especialista, y aumentan de forma notable el rendimiento.
Debemos exigir equipos de última generación, lo contrario
es menospreciar nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.
Caracterización de una lesión focal hepática.
La mayoría de las veces va a ser la ecografía la primera
prueba que nos permita detectar una o más lesiones focales
en un paciente con cirrosis hepática, pero, ¿cuál
es la naturaleza de dicha lesión?. No toda lesión focal
que aparece en un hígado cirrótico es un carcinoma hepatocelular
(Figura 6), puede tratarse de un nódulo de regeneración
o un nódulo displásico. Algunas lesiones son claramente
premalignas, y la evolución a carcinoma hepatocelular es únicamente
 |
| Figura 6. Espectro de lesiones nodulares en el
hígado cirrótico. |
cuestión de tiempo, pero otras no llegan a malignizarse nunca.
Por otra parte estamos habituados a considerar la histología
como el patrón oro en los estudios diagnósticos, y a
la hora de comparar con estudios de imagen, pero en el hígado
tampoco es así, puesto que la citología y la histología
pueden resultar negativas (falsos negativos) en pacientes con carcinoma
hepatocelular bien diferenciado, en los que las células malignas
son muy similares a los hepatocitos normales, y puede resultar más
fiable el diagnóstico si su comportamiento con las técnicas
de imagen es característico, pero las lesiones menores de 20
mm de diámetro a menudo no presentan la hipercaptación
típica en la fase arterial y el lavado en fase portal característico
de los carcinomas hepatocelulares. En general, cuando más pequeña
es la lesión, menos probable que su comportamiento sea característico
de CHC en las pruebas de imagen. Por otra parte la punción
hepática no está exenta de riesgos, uno de los cuales
es la potencial diseminación tumoral. Por esa razón
no se exige su realización en todos los casos de modo que el
diagnóstico se considera fiable en todo paciente con cirrosis
y una lesión focal que reúne alguna de las características
que se indican en la tabla 1.
 |
|
Tabla 1. Diagnóstico del carcinoma hepatocelular ante
la aparición de una lesión focal en un paciente
con cirrosis hepática (sensibilidad 100% especificidad
98,8% seguridad diagnóstica 99,1%).
|
Si la lesión mide más de 2 cm la mayoría de
los expertos consideran que no es necesario realizar un diagnóstico
histológico salvo si no existe una cirrosis hepática
subyacente, y que basta con dos pruebas de imagen, siempre que el
comportamiento dinámico sea típico en una de ellas,
a saber: ecografía con contrastes de segunda generación,
TC o RMN. Este hecho se debe a la neovascularización tumoral
mediante la cual ramas de la arteria hepática crecen e irrigan
el tumor, esta neovascularización se ve bien con las técnicas
de imagen, y la rápida captación en la fase arterial
diferencia estos tumores de la mayoría de las metástasis
hepáticas salvo las de mama, tiroides y renales (1,2,22).
Cuando se detecta una lesión focal quedan por lo tanto muchos
interrogantes, lo que ha motivado el desarrollo de protocolos de actuación
encaminados a conseguir un diagnóstico definitivo con la mayor
brevedad posible, para no demorar el tratamiento potencialmente curativo
y/o la inclusión en lista de espera de trasplante hepático.
 |
| En la figura 7 se muestra el protocolo a seguir
cuando aparece una lesión focal en la ecografía.
Está basado en Sherman M et al (1) |
Aún existe una proporción de pacientes diagnosticados
precozmente de un carcinoma hepatocelular pero debido a una falta
de criterios claros sobre la actuación a seguir, cuando llegan
a nuestra unidad sigue siendo demasiado tarde para aplicar un tratamiento
curativo. La filosofía es pensar que toda lesión focal
de 2 o más centrímetros que aparece en un hígado
cirrótico es maligna, mientras no se demuestre lo contrario,
y lo es por inocente que parezca, aunque no crezca apenas en varios
meses, aunque el comportamiento en las técnicas de imagen no
sea característico de un carcinoma hepatocelular y aunque la
PAAF o la biopsia dirigidas sean negativas. No se puede desperdiciar
el esfuerzo de realizar seguimiento a muchos pacientes para conseguir
un diagnóstico de una lesión precoz y que ese esfuerzo
no redunde en la curación de paciente.
El diagnóstico precoz del carcinoma hepatocelular. Situación
actual
Hemos visto como la ecografía es un procedimiento sensible
para ver lesiones focales en el hígado cirrótico. La
práctica clínica habitual conlleva sesgos, unos negativos
en el sentido de que la minuciosidad es probablemente inferior a la
que se emplea en un estudio de investigación, pero otros positivos
dado que no es infrecuente que cuando se publica un artículo
con los resultados, ya se está empleando otro más moderno
y con mayor sensibilidad, puesto que la tecnología va por delante
de la investigación clínica (primero se usa y luego
se demuestra que es útil…). Cuando situamos la sonda
ecográfica en un hígado cirrótico, debemos hacerlo
con la filosofía o con la actitud siguiente: “este paciente
tiene una lesión, voy a encontrársela, si la tiene y
me pasa inadvertida le puede costar la vida” y no dejar las
zonas difíciles sin explorar como las subdiafragmáticas
del segmento VII, las altas del segmento IV, y las más laterales
del segmento II…
La capacidad diagnóstica de la ecografía o de cualquier
técnica de imagen sería inútil para el diagnóstico
del CHC en una fase curable si no se utilizasen programas de diagnóstico
precoz. Cuando el paciente se explora y diagnostica por presentar
síntomas relacionados con el tumor, el diagnóstico es
casi siempre demasiado tardío para realizar cualquier tratamiento.
Es por ello necesario el diagnóstico en una fase más
precoz, y dado que la población de riesgo es bien conocida,
se deben llevar a cabo programas de vigilancia. Dichos programas se
practican hoy en día en casi todas las instituciones de una
forma más o menos protocolizada y gracias a ello se consigue
que aproximadamente el 30% de los CHC se diagnostiquen en una fase
en la que son potencialmente curables.
El estándar actual es el empleo de la ecografía y la
determinación de alfa-fetoproteína semestralmente, aunque
permanecen diversos aspectos sin resolver, derivados en primer lugar
de la dificultad para realizar estudios aleatorizados dado que a los
pacientes que no se incluyen en el grupo de detección precoz
también se les realizan con mucha frecuencia estudios ecográficos
y otros estudios de imagen según lo demanda la práctica
clínica.
Aunque no está bien delimitada la población a vigilar,
a que se asume que aportación de la alfa fetoproteína
a la ecografía es casi insignificante, el empleo de otras pruebas
de imagen como alternativa a la ecografía, la periodicidad
del seguimiento, el momento de inicio y de conclusión del programa
de vigilancia, y las consecuencias del mismo en cuanto a supervivencia,
prácticamente nadie discute que un programa de esta naturaleza
es imprescindible y se utiliza habitualmente la ecografía y
la alfa-fetoproteína (23-32)
Aunque se discute si se debe realizar vigilancia a pacientes con
hepatitis crónica B que aún no presentan cirrosis por
el riesgo potencial de carcinoma hepatocelular incluso aunque no exista
cirrosis en estos pacientes, habitualmente la población diana
son los pacientes con cirrosis hepática de cualquier etiología.
Es bien sabido que los pacientes con infección crónica
por virus de la hepatitis C no desarrollan prácticamente nunca
un carcinoma hepatocelular hasta que no tienen cirrosis hepática.
Existe un problema práctico que es conocer cuando un paciente
con una infección por el virus de la hepatitis C tiene cirrosis
hepática, para iniciar el programa de vigilancia periódica,
si no se hacen biopsias repetidas en pacientes con hepatitis crónica
activa y fibrosis al menos 2 (Metavir), en este sentido técnicas
alternativas no invasivas como el fibroscan podrían resultar
útiles en el seguimiento de dichos pacientes como ayuda para
decidir el momento de su inclusión.
No todos los pacientes con cirrosis tienen el mismo riesgo de desarrollar
un carcinoma hepatocelular, por lo que la vigilancia se puede restringir
incluso, dependiendo de la carga asistencial, a aquellos pacientes
cirróticos con un riesgo especialmente elevado. Velázaquez
FR et al realizó un estudio prospectivo en donde se observa
que el mayor riesgo ocurre en pacientes de 55 años o más,
con anticuerpos frente al virus de la hepatitis C, con una tasa de
protrombina igual o inferior al 75% y con un recuento de plaquetas
menor de 75.000/mm3 (tabla 2) (33).
 |
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Tabla 2. Factores que aumentan el riesgo de aparición
de carcinoma hepatocelular en pacientes con cirrosis hepática.
|
Cada factor de riesgo se ha asociado a una puntuación según
la importancia del mismo, si la suma de la puntuación es igual
o menor de 2,33 se consideran pacientes de bajo riesgo, si es mayor
de 2,33 el riesgo de carcinoma hepatocelular es de un 30,1% en 4 años.
En la tabla 3 mostramos otros factores que influyen en el riesgo
de aparición de CHC en pacientes con cirrosis hepática,
algunos de ellos,como la evaluación de la tasa de proliferación,
la presencia de regeneración irregular y la displasia, son
poco prácticos porque obligan a biopsias repetidas
 |
| Tabla 3. Otros factores implicados en el riesgo
de carcinoma hepatocelular en pacientes con cirrosis hepática. |
En cuanto a la periodicidad de la vigilancia, Rodríguez M
et al realizó un estudio comparando la utilidad del seguimiento
semestral (grupo A, 187 pacientes), frente al seguimiento trimestral
(grupo B, 184 pacientes), en pacientes con cirrosis hepática
con edades comprendidas entre 40 y 65 años (fecha límite
para el trasplante hepático en nuestro grupo) y sin contraindicaciones
para cirugía mayor; durante el seguimiento se diagnosticaron
34 carcinomas hepatocelulares en cada uno de los grupos de vigilancia;
el diagnóstico fue igual de precoz con ambos sistemas de vigilancia
(Tabla 4), y las opciones terapéuticas curativas fueron asimismo
similares en ambos grupos (Tabla 5), tampoco existieron diferencias
en cuanto a la supervivencia, por lo que concluye que el seguimiento
semestral es satisfactorio (34).
 |
| Tabla 4. Comparación entre el seguimiento
semestral y trimestral para la detección precoz del CHC
en pacientes con cirrosis hepática. Características
y estadío del carcinoma hepatocelular en el momento del
diagnóstico. |
 |
| Tabla 5. Comparación entre el seguimiento
semestral y trimestral en pacientes con cirrosis hepática.
Tratamiento instaurado en cada grupo. |
La ecografía como guía de punción
Además de la potencial utilidad de la biopsia hepática
para seleccionar a los pacientes con riesgo de desarrollar carcinoma
hepatocelular y para su inclusión en un programa de vigilancia
periódica, en muchas ocasiones, cuando el diagnóstico
de la lesión no está claro mediante técnicas
de imagen, es preciso recurrir a la obtención de células
o de tejido tumoral para el diagnóstico. La citología
se obtiene empleando una aguja fina de 22 a 25 gauge, y para la biopsia
solemos emplear agujas de 18 gauge, tipo Tru-cut o tipo Menghini.
La tasa de complicaciones es muy baja con cualquiera de los dos procedimientos,
e igualmente el riesgo de diseminación es muy bajo. En la Universidad
de Pittsburg han descrito 5 casos en 1500 biopsias (aproximadamente
un 0,3%) y todos ellos pudieron ser tratados mediante resección
o bien radioterapia.
La ecografía constituye también el procedimiento de
elección como guía para el tratamiento percutáneo
de los tumores hepáticos, bien mediante alcohol absoluto o
bien con radiofrecuencia (figuras 8 y 9). .
 |
| Figura 8. Lesión inmediatamente anterior
y adyacente a la vesícula, prácticamente isoecogénica
con el parénquima hepático, antes del tratamiento
percutáneo con alcohol absoluto. |
| |
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| Figura 9. El mismo tumor después de la primera
sesión de tratamiento percutáneo con alcohol absoluto.
Obsérvese como se torna hiperecogénica la zona que
se impregna por el alcohol. |
La ecografía en la detección de recidiva en los CHC
tratados
En nuestra experiencia, aunque empleamos la ecografía en el
seguimiento, asociada a la TC (la RMN tiene unos resultados comparables
a los del TC, y se puede emplear indistintamente, dependiendo de los
equipos y experiencia en cada hospital), de modo que vamos alternando
trimestralmente la realización de una u otra técnica
de imagen, en todos los carcinomas hepatocelulares tratados, sea cual
sea la modalidad terapéutica, la ecografía no es un
buen procedimiento para detectar recidiva, en la práctica clínica
rutinaria, la búsqueda de lesiones adicionales conlleva un
esfuerzo mucho mayor y las menores de 20 mm se detectan en una proporción
muy inferior a la que se consigue con la TC. El procedimiento de búsqueda
es muy laborioso, incluso con los ecógrafos más modernos
que incorporan las nuevas técnicas de imagen, y se tarda más
que con los TC o la RMN de última generación.
Nuestra experiencia es que ni siquiera el TC o la RMN de última
generación es un procedimiento seguro, y aunque no se detecte
captación en las primeras evaluaciones, no por ello se debe
inferir la curación de la lesión, puesto que puede aparecer
recidiva tardía, a partir del año, recidiva que en muchos
casos lleva asociado la presencia de satelitosis o de otras lesiones
(figura 10).
Hoy por hoy el TC o la RMN son imprescindibles en el seguimiento de
los carcinomas hepatocelulares tratados; hacerlo sólo con ecografía
conduce a un diagnóstico tardío y a una claramente menor
sensibilidad en el diagnóstico de la recidiva. Mucha más
utilidad tiene la ecografía, sobre todo con contrastes para
facilitar el tratamiento percutáneo, o con TACE, evitar que
se queden zonas sin tratar, y realizar un procedimiento más
eficaz.
Aunque nosotros no empleamos la misma para valorar la respuesta,
si bien durante el tratamiento valoramos el grado de impregnación
del tumor con alcohol, por la imagen hiperecogénica que produce
la inyección de alcohol, y que se mantiene habitualmente las
24-48 horas siguientes, momento en que realizamos la siguiente sesión,
sin embargo este procedimiento proporciona únicamente una estimación
grosera del tratamiento, y nos ayuda para saber el punto más
idóneo para realizar la siguiente punción, cuando la
lesión no se impregna en su totalidad con una sesión,
bien por el tamaño, bien por la presencia de septos. El empleo
de Power Doppler con Levovist puede ser útil para comprobar
que sigue existiendo neovascularización en la lesión,
cuando no existe una necrosis satisfactoria, pues a los 20-25 segundos
de la inyección del bolo de contraste, se objetiva la presencia
de vascularización, sin embargo esta técnica es inferior
al TC y a la RMN, estudios recientes empleando contrastes de segunda
generación, proporcionan sin embargo unos resultados comparables
a los del TC y la RMN.
 |
| Figura 11. Cambios ecográficos detectados
con la radiofrecuencia, interpretación de las zonas hipercantantes
con ecografía con contrastes de segunda generación
según el momento de la evaluación de la lesión. |
Con la radiofrecuencia se debe intentar producir una zona de necrosis
de mayor diámetro que el del propio tumor, tal como se muestra
en la figura, en donde existe una semiluna de necrosis que rebasa
el borde inicial del tumor, representada en color gris oscuro, tras
la radiofrecuencia se produce una necrosis hemorrágica periférica
que es hipercaptante y no se debe interpretar como tumor residual,
dicha zona hipercaptante desaparece al cabo de unos días. Cuando
persisten zonas nodulares de captación, si estas asientan en
la periferia de la lesión, corresponden muy probablemente a
focos de actividad tumoral, mientras que si quedan alojadas en el
interior de la zona de necrosis, no suelen estar en relación
con tumor residual. Los cambios se valoran mejor en la fase parenquimatosa
del contraste (35).
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Oviedo, 16 de mayo del 2006
Dr Antonio Linares